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				<journal-title>Korpus21. Revista de Historia y Ciencias Sociales</journal-title>
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				<publisher-name>El Colegio Mexiquense, A.C.</publisher-name>
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					<subject>Lecturas y relecturas</subject>
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				<article-title>Un ensayo sobre el tiempo</article-title>
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					<trans-title>An essay about the time</trans-title>
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					<institution content-type="original"> Universidad Autónoma Metropolitana, México benja_marin21@outlook.com</institution>
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					<p><bold>Benjamín Marín Meneses.</bold> Doctorando en humanidades, línea de historia, por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), Unidad Iztapalapa. Fue asistente de investigación en el Instituto de Investigaciones Histórico-Sociales de la Universidad Veracruzana y docente invitado en la Universidad Autónoma Comunal de Oaxaca (Campus Hidalgo). Actualmente es encargado del seminario “Caminos heréticos del anarquismo en México”, en el doctorado en humanidades de la UAM-Iztapalapa, y forma parte del Consejo Editorial de <italic>Ymupihui. Revista Estudiantil de Investigación Humanística</italic>, del Departamento de Antropología UAM-Iztapalapa. Sus principales líneas de investigación son el cristianismo primitivo, el anarquismo en México y el pensamiento de Michel Foucault. Entre sus últimas publicaciones se encuentran: como autor, “Sobre Carlos Illades y Rafael Mondragón Velázquez, <italic>Izquierdas radicales en México. Anarquismos y nihilismos posmodernos</italic>”, <italic>Historia Mexicana</italic>, 75 (1), 461-467 (2025); y “<italic>Crucifixión. Orígenes e historia del suplicio.</italic> Antequera, Luis”, <italic>Antigüedad y Cristianismo</italic>, 41, 141-142 (2024); como coautor, “Sadi Carnot y su asesinato. Comentarios de la prensa mexicana en torno al magnicidio, 1894”, <italic>A&amp;H. Revista de Artes, Humanidades y Ciencias Sociales</italic>, 17, 161-183 (2023). </p>
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				<year>2025</year>
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						<surname>Le Goff</surname>
						<given-names>Jacques</given-names>
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				</person-group> (<year>2022</year>), <source><italic>En busca del tiempo sagrado. Santiago de la Vorágine y La leyenda</italic> dorada</source> (<size units="pages">205</size> pp.), <publisher-loc>España</publisher-loc>, <publisher-name>Ediciones Akal</publisher-name>, ISBN: <isbn>978-84-460-5214-2</isbn>
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		<p>El público lector de Jacques Le Goff es, dentro de la disciplina histórica, muy amplio. Sin embargo, <italic>La leyenda dorada</italic> de Santiago de la Vorágine, obra analizada por el medievalista francés, no ha sido abordada con detenimiento en México, específicamente dentro del gremio historiador. Este hecho representa una razón de peso para reseñar <italic>En busca del tiempo sagrado</italic>. Más allá del contenido, lo que podría interesar al historiador de las religiones, de los sistemas de pensamiento o, en general, a cualquier investigador, es la forma didáctica en que Le Goff aborda el tema, así como las sugerencias metodológicas que brinda para las exégesis, las biografías y las interpretaciones del tiempo. Por ende, más que redactar una reseña crítica -ya que no encuentro puntos de divergencia con la prosa del autor-, quisiera destinar las siguientes líneas a señalar lo que el estudioso, medievalista o no, puede obtener con la lectura del ensayo titulado <italic>En busca del tiempo sagrado. Santiago de la Vorágine y La leyenda dorada</italic>.</p>
		<p>Como punto de partida y breve acotación contextual, Santiago de la Vorágine fue un obispo dominico que, con <italic>La leyenda dorada</italic>, legó el texto más leído, después de la Biblia, en la Edad Media. La importancia de esta obra, según cuenta Le Goff, fue fundamental en la historia: traducida rápidamente a lenguas vernáculas y editada en múltiples países, la recepción de <italic>La leyenda dorada</italic> ayudó a la Europa del siglo XIV a abandonar, poco a poco, la entronización del latín; además, fomentó la lectura silenciosa, gracias a su amplia difusión y traslación, en detrimento de la lectura en voz alta, habitual en siglos anteriores.</p>
		<p>El presente trabajo es una reflexión historiográfica que propone abrir el género biográfico a nuevos sujetos mediante el enfoque de la microhistoria, en Con esta breve introducción, Le Goff justifica el estudio de la magna obra de Santiago de la Vorágine. No obstante, reconoce que, aunque determinante en la historia de la lectura y la escritura, esta valía no es suficiente para dedicarle un ensayo. Y aquí entra el primer apunte pedagógico que Le Goff aporta: además de saber reconocer un tema interesante, es deber del investigador ofrecer una interpretación distinta, que debata y dialogue con otros enfoques, para abrir nuevas brechas analíticas y enriquecer el saber histórico. </p>
		<p>Le Goff cuestiona la creencia de que <italic>La leyenda dorada</italic> es, meramente, una compilación de vidas de santos; en cambio, sostiene que, detrás de las 1000 páginas del documento, hay un tratado sobre el tiempo. Y, si existe un compendio, éste considera tres tipos de tiempos: el temporal o litúrgico, que es cíclico; el santoral, que es lineal, en correspondencia con las vidas de los santos; y el escatológico, transitorio, en el que la humanidad avanza hacia el Juicio Final. Con base en este argumento, el medievalista francés interpreta que Santiago de la Vorágine buscó patentar al cristianismo como la única religión capaz de estructurar y sacralizar el tiempo en aras de la salvación humana.</p>
		<p>A continuación, Le Goff presenta un breve repaso biográfico de Santiago de la Vorágine. Empero, ante lo confusos que son los datos de su vida, el autor esboza un segundo apunte pedagógico: la construcción de biografías cuando las fuentes son escasas o contradictorias. Para comenzar, señala que es necesario comprender las posturas políticas o ideológicas del personaje; en segundo lugar, identificar los vínculos que estableció el biografiado; y, finalmente, valorar su obra y su figura dentro del contexto de su tiempo. Esto nos permitirá saber cómo pensaban las personas; con quiénes se relacionaban y en qué circunstancias vivían. </p>
		<p>En el caso de Santiago de la Vorágine, Le Goff observa un fuerte arraigo a Génova -ciudad sobre la que escribiría una crónica al final del documento-; un lazo fraternal profundo con su orden, lo que repercute en la prioridad que otorga a Santo Domingo sobre otros santos; y una aflicción por el entorno, dada la violencia de las guerras intestinas en el territorio que actualmente es Italia, por lo que el dominico se habría sentido en la necesidad de sacralizar el tiempo, con la esperanza de que la humanidad alcanzara la expiación de sus errores y pecados. </p>
		<p>A lo anterior, Le Goff añade una modulación: la biografía no estaría completa, al menos en la dimensión intelectual, si se ignora quiénes inspiraron a Santiago de la Vorágine. Por tanto, el historiador francés destina algunas páginas a rastrear las influencias en el pensamiento del dominico, a saber: san Agustín, san Jerónimo y san Ambrosio. Y, en el camino de la exégesis (interpretación crítica y filosófica de un texto, sobre todo de carácter religioso), suma un tercer apunte pedagógico: el análisis de las fuentes utilizadas por el autor, quien no solamente incluyó referencias bíblicas canónicas, sino que, fiel a su voluntad de saber, consultó los evangelios apócrifos y obras no reconocidas por la Iglesia. En consecuencia, el relato construido en <italic>La Leyenda dorada</italic>, según Le Goff, es más rico en contenido que otros santorales limitados por el canon. </p>
		<p>Pero no basta con saber qué fuentes usó; también es necesario preguntarse cómo las empleó y qué interpretación les dio, lo cual constituye un cuarto apunte pedagógico. Es decir, mediante el conocimiento de los textos citados por Santiago de la Vorágine, se pueden rastrear las particularidades de su pensamiento y, en suma, las características de la agrupación a la que pertenecía: una orden menos estricta y hermética que otras órdenes mendicantes, preocupada por divulgar el conocimiento. En su deseo de ampliar el número de fuentes, Santiago de la Vorágine retomó saberes ignorados por la cristiandad popular. </p>
		<p>En el resto del libro, Le Goff se esfuerza constantemente por reiterar y comprobar su argumento. Esto lo obliga a desarrollar variadas ramificaciones de la noción de <italic>tiempo</italic>, de donde surge un quinto aporte pedagógico: desenmarañar los conceptos y estudiarlos en todas sus implicaciones posibles. En otras palabras, invita a no conformarse con una sola interpretación del concepto que rige el presente ensayo -en este caso el tiempo-, sino a analizar sus variables contingentes, por numerosas que éstas sean. Así, señala Le Goff, se podrá entender <italic>La leyenda dorada</italic> como un trayecto intelectual que intenta sacralizar el tiempo y no como un mero recuento de los santos del calendario. Todo documento tiene una intención <italic>oculta</italic>; el exégeta está obligado a encontrarla, aunque se esconda entre cientos de páginas. </p>
		<p>La heterogeneidad temporal presentada por Le Goff nos conduce a los tiempos de la peregrinación, el extravío, el perdón, el martirio, la reconciliación, las fiestas, el ayuno e, incluso, el tiempo final (el del Apocalipsis). Mediante su tratado del tiempo, Le Goff bosqueja una nueva forma de concebir a Satanás: el gran enemigo y perturbador de la cronología. Otro aporte de la lectura de las temporalidades es la diferencia entre la forma en que nosotros y los europeos del siglo XIV concebimos el tiempo: sus marcadores temporales provenían de la muerte o del traslado de reliquias (se celebraba a los santos el día de su martirio, del hallazgo o traslado de sus restos), no de su nacimiento (con la excepción de Jesucristo).</p>
		<p>El sexto aporte pedagógico que Le Goff ofrece es el de saber jerarquizar la información. Su ensayo, de haber atendido todas las vidas santas contenidas en <italic>La leyenda dorada</italic>, habría resultado gigantesco. Por el contrario, el historiador francés propone reconocer en las particularidades la esencia del argumento central y, a partir de ello, destacar sólo los ejemplos que comprueben o refuten sus hipótesis. En consecuencia, se apoya en las vidas de santos con mayor impacto en las temporalidades manejadas por Santiago de la Vorágine, excluyendo aquéllas cuya narración resulta prescindible para su planteamiento. </p>
		<p>Finalmente, a mi consideración, hay un último aporte pedagógico desarrollado por Le Goff: encontrar las categorías de análisis que ayuden a comprender mejor el concepto elegido como punto cardinal del estudio. En este ensayo, el espacio es el complemento del tiempo, por tratarse del lugar en el que se desenvuelve su transcurrir. El tiempo no se puede disociar del espacio, ya que los acontecimientos ocurren en un ámbito concreto. Los santos vivieron dentro de una cronología, pero también en una geografía. Por ende, estudiar el tiempo implica, de igual modo, prestar atención a la cartografía. </p>
		<p>Quizá, según sus propios intereses, otros lectores puedan encontrar más estrategias pedagógicas en Le Goff. Para un historiador cultural, este estudio puede ofrecer pistas sobre cómo abordar la producción literaria; para un historiador religioso, el análisis del santoral será lo más ilustrativo de <italic>En busca del tiempo sagrado;</italic> un historiador preocupado por la política encontrará en el libro las coyunturas causadas por <italic>La leyenda dorada</italic>; alguien enfocado en los sistemas de pensamiento puede emplearlo como ejemplo doble: tanto de la evolución del raciocinio cristiano como del giro reflexivo propuesto por el medievalista, en contraste con otros estudiosos de Santiago de la Vorágine (Giovanni Maggioni o Alain Boureau, entre otros). </p>
		<p>En conclusión, lo que resulta innegable es que este texto es sumamente didáctico. Le Goff nos enseña a redactar un ensayo y las cuestiones a considerar para llevar a buen puerto una investigación histórico-intelectual -que puede ampliarse a otros campos de la historia-. Por ello, más que destacar el contenido <italic>per se</italic> -cuya valía es inmensa-, me limité a puntualizar lo que aprendí, o reafirmé, mediante la prosa de Le Goff. </p>
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