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				<journal-title>Korpus 21</journal-title>
				<abbrev-journal-title abbrev-type="publisher">Korpus 21</abbrev-journal-title>
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			<issn pub-type="ppub">2683-2682</issn>
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				<publisher-name>El Colegio Mexiquense A.C.</publisher-name>
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			<article-id pub-id-type="doi">10.22136/korpus212024176</article-id>
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					<subject>Sección temática</subject>
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				<article-title>Algunas claves para el entendimiento de las emociones. Un ejercicio metodológico-biográfico</article-title>
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					<trans-title>Some keys to understanding emotions. A methodological-biographical exercise</trans-title>
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					<contrib-id contrib-id-type="orcid">0000-0002-1008-8136</contrib-id>
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						<surname>Bazant</surname>
						<given-names>Mílada</given-names>
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					<label>1</label>
					<institution content-type="original"> El Colegio Mexiquense, A.C. México. Correo electrónico: mbazant@cmq.edu.mx.</institution>
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			<pub-date date-type="pub" publication-format="electronic">
				<day>14</day>
				<month>02</month>
				<year>2024</year>
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			<pub-date date-type="collection" publication-format="electronic">
				<season>Jan-Apr</season>
				<year>2024</year>
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			<volume>4</volume>
			<issue>10</issue>
			<elocation-id>00005</elocation-id>
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				<date date-type="received">
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					<license-p>Este es un artículo publicado en acceso abierto bajo una licencia Creative Commons</license-p>
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				<title>Resumen</title>
				<p>Este ejercicio metodológico-biográfico aporta mi experiencia analiza las emociones de Laura Mantecón (1845-1900), una aguerrida mujer que se atrevió a levantar una demanda de divorcio contra su marido, el ex presidente de México, Manuel González. Utilizo varios conceptos teóricos de la historia de las emociones y los sentimientos y de la psicología y narrativa que me ayudaron a aterrizar sensaciones y pasiones de Laura. Entrelazo fragmentos de contextos históricos (incluido el jurídico) en los cuales vivió Mantecón con su experiencia emocional manifestada en forma de ira, resentimiento y venganza (entre otras), y somatizada en la catalepsia.</p>
			</abstract>
			<trans-abstract xml:lang="en">
				<title>Abstract</title>
				<p>This methodological-biographical exercise brings my experience in the field of biography whose axis of analysis is the emotions of Laura Mantecón (1845-1900), a brave woman who dared to file a divorce lawsuit against her husband, the former president of Mexico, Manuel González. To do this, I use various theoretical concepts of the history of emotions and feelings and of psychology and narrative that helped me ground Laura’s moods and passions. I intertwine fragments of the historical contexts (including the legal one) in which Mantecón lived with his emotional experience manifested in the form of anger, resentment and revenge (among others), and somatized in the disease of catalepsy.</p>
			</trans-abstract>
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				<title>Palabras clave:</title>
				<kwd>Emociones</kwd>
				<kwd>Laura Mantecón</kwd>
				<kwd>Justicia</kwd>
				<kwd>Violencia</kwd>
				<kwd>Ira</kwd>
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				<title>Keywords:</title>
				<kwd>Emotions</kwd>
				<kwd>Laura Mantecón</kwd>
				<kwd>Justice</kwd>
				<kwd>Violence</kwd>
				<kwd>Anger</kwd>
			</kwd-group>
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		<sec sec-type="intro">
			<title>Introducción</title>
			<p>Mi primer acercamiento al estudio de las emociones fue hace varios años cuando era miembro del Seminario de la Historia de la vida cotidiana que coordinaba Pilar Gonzalbo Aizpuru en El Colegio de México. Dentro del amplio espectro geográfico-histórico de la vida cotidiana en México y América Latina nos centramos en el análisis de algunas emociones como el miedo, el amor, los gozos y los sufrimientos, la honra y la vergüenza, entre otras. Como emoción me atrajo el miedo, simplemente porque en mis pesquisas sobre la vida de Laura Méndez de Cuenca (1853-1928) me fui de espaldas al descubrir, en el Archivo Histórico del Registro Civil, la abrumadora cantidad de abortos y de niños muertos al nacer y de la atmósfera de miedo que debió envolver aquellas experiencias traumáticas. Utilizando todo tipo de fuentes, incluyendo las médicas, me percaté del miedo y pánico que abrumaba a todos los que asistían al parto: médicos, parteras, enfermeras, madres. En ocasiones, doctores, parteras o comadronas tenían que decidir qué vida salvar: la de la madre o la del hijo. Durante las horas que duraba el <italic>alumbramiento</italic>, la ciencia ginecológica, todavía en pañales (¡se aconsejaba a los médicos utilizar guantes!), y la religión permeaban las emociones de las personas involucradas. A veces, sólo la Providencia era capaz de sacar adelante la situación desesperada en que madre e hijo se debatían entre la vida y la muerte (<xref ref-type="bibr" rid="B5">Bazant y Domínguez, 2009</xref>).</p>
			<p>Posteriormente, la escritura de mis dos biografías sobre los maestros Laura Méndez de Cuenca (1853-1928) y Clemente Antonio Neve (1829-1904) me llevó necesariamente hacia la observación, percepción e interpretación de sus emociones. Una tercera biografía que escribo actualmente, la de Laura Mantecón (1845-1900), me ha acercado más al estudio de este tema, simplemente porque su extensa demanda de divorcio es un libro abierto sobre las emociones, en vivo y a todo color. Es una mina de oro para conocerlas en forma separada: el dolor, la ira y el miedo, entre otras, o bien en conjunto, en forma explosiva. Laura vivió atormentada bajo el vaivén de sus pasiones, afectos y emociones. Considero que un biógrafo necesariamente tiene que integrar en su biografía las emociones de su sujeto de estudio, pues ¿qué somos los seres humanos sin emociones? En este sentido, habría que añadir que todo depende de las fuentes; por ello, resultan indispensables las de tipo personal: cartas (aunque no sean de tipo personal), diarios, memorias, periódicos, comentarios de contemporáneos acerca del biografiado, etcétera. <italic>Exprimir</italic> las fuentes y leer los silencios<xref ref-type="fn" rid="fn1"><sup>1</sup></xref> forma parte, también, de la experiencia biográfica. No aspiramos a ser un novelista cuyo hilo conductor sería la historia emocional de un protagonista y la narrativa navegaría en el firmamento de la ficción; estamos atados a los documentos y por ello no podemos inventar o interpretar <italic>demasiado</italic>. Aunque pequeña (por escasez de fuentes), la dosis emocional es indispensable en una biografía.</p>
			<p>La bibliografía sobre el tema es cuantiosa; el tema empezó a interesar a un sinnúmero de historiadores apenas hace unas tres décadas. El propio término <italic>emoción</italic> se utilizó por primera vez en 1884. En ese año William James escribió un artículo intitulado “¿Qué es la emoción?”, en el cual intentó definir esta categoría de la psicología,<xref ref-type="fn" rid="fn2"><sup>2</sup></xref> en existencia hacia dos generaciones. Sin embargo, de acuerdo con el historiador de la Universidad de Londres, Thomas Dixon, “el inventor de las emociones” fue Thomas Brown, quien integró bajo el término <italic>emoción</italic>, las subcategorías <italic>apetitos, pasiones</italic> y <italic>afectos</italic>, conceptos ampliamente desarrollados por San Agustín y Santo Tomás de Aquino.<xref ref-type="fn" rid="fn3"><sup>3</sup></xref> Al contrario de las sensaciones, creadas directamente a través de la percepción de los objetos externos, las emociones eran causadas a través de los objetos percibidos en la mente y, al contrario, más que formas del pensamiento fueron definidas como “sentimientos vívidos” no cognitivos. De acuerdo con Dixon, después de doscientos años, los estudiosos continúan discerniendo sobre este legado de Brown (<xref ref-type="bibr" rid="B16">Dixon, 2012</xref>).<xref ref-type="fn" rid="fn4"><sup>4</sup></xref>
			</p>
			<p>Hay emociones que no han cambiado desde el siglo XIX como son las reacciones al dolor, y el amor por los hijos es tan vivo hoy como lo fue en el siglo XVI y después (<xref ref-type="bibr" rid="B54">Stearns y Stears, 1985: 829</xref>). Algunos historiadores afirman que la modernidad cambió la vida emocional, las familias se hicieron más cariñosas y se establecieron nuevos códigos como la vergüenza, el control de sí mismo y la toma de conciencia (<xref ref-type="bibr" rid="B34">Matt y Stearns, 2014: 10</xref>). Es un hecho que la familia aporta <italic>claves</italic> importantes sobre cómo las personas aprenden sus primeras emociones (<xref ref-type="bibr" rid="B3">Barclay, 2021: 463</xref>). Actualmente, dicha institución está en una elocuente y vertiginosa transformación. Con mayor número de divorcios y núcleos monoparentales, con la integración moral y legal de otros sexos como los homosexuales y transexuales a la familia y a la sociedad, amén de un mayor estrés de la época posmoderna, las emociones se encuentran en constante ebullición. Un régimen emocional ideal sería aquel que permitiría la mayor posibilidad de libertad emocional (<xref ref-type="bibr" rid="B44">Reddy, 2001: 324</xref>).</p>
			<p>El <italic>giro emocional</italic> está de moda y existen varios grupos de académicos destinados al estudio histórico de las emociones.<xref ref-type="fn" rid="fn5"><sup>5</sup></xref> Por otra parte, aparecerán nuevos conceptos como la <italic>emocracia</italic>, una forma de considerar el impacto de las emociones en la vida política actual (<xref ref-type="bibr" rid="B27">Jara Fuente, 2020a: 12</xref>)<xref ref-type="fn" rid="fn6"><sup>6</sup></xref>. Tristeza, miedo, piedad, descontento, sufrimiento, temor y duda son sentimientos y emociones a través de los cuales se tiñe la lucha política y se produce la propaganda ligada a ella (<xref ref-type="bibr" rid="B28">Jara Fuente, 2020b: 31</xref>). En estas situaciones colectivas surgen sentimientos solidarios y se contagian; “se trata del modelo de las emociones de adentro hacia afuera, y de afuera hacia adentro”.<xref ref-type="fn" rid="fn7"><sup>7</sup></xref> Yo creo que todos los seres humanos hemos sentido este contagio, al compartir la alegría por ejemplo, de una pareja cuando se casa y/o tiene un hijo, o las lágrimas cuando se muere un miembro de cierta familia.</p>
			<p>La intención de este artículo es presentar, en forma de <italic>claves</italic>, conceptos que me han servido para entender e interpretar las emociones de Laura. Desde luego que existen más categorías y connotaciones (amén de la gran bibliografía) de lo que significan las emociones en la historia; sin embargo, las que seleccioné se aproximaron más que otras a mi entendimiento de los sentimientos del pasado. Las categorías empleadas en las <italic>claves</italic>, divididas por experiencias y trayectorias vividas por Mantecón, podrían utilizarse en todas las épocas de su vida; no obstante, consideré que, como ejercicio metodológico-biográfico, resultaba más esclarecedor presentarlas de este modo.<xref ref-type="fn" rid="fn8"><sup>8</sup></xref>
			</p>
		</sec>
		<sec sec-type="supplementary-material">
			<title>Clave 1: La navegación de las emociones</title>
			<sec>
				<title><italic>¿Infancia es destino?</italic><xref ref-type="fn" rid="fn9"><sup>9</sup></xref><italic>La guerra sin tregua</italic></title>
				<p>El contexto social en un ambiente continuo de turbulencia política dejó fuertes marcas en el seno familiar de Laura Fernández Arteaga y Mantecón Pacheco. Su padre, José Simeón Fernández Arteaga, había estudiado leyes en el Instituto Científico y Literario de Oaxaca y logró una exitosa carrera en las políticas local y nacional. En el preámbulo de la guerra contra los Estados Unidos, en 1846, logró ser gobernador y nombró a Benito Juárez, quien años más tarde sería su compadre, regente de la Corte de Justicia (<xref ref-type="bibr" rid="B58">Vasconcelos, 1993: t 2, 54-55</xref>). En su efímero desempeño como Ejecutivo de su estado natal, Arteaga expidió decretos sobre préstamos obligatorios hechos a funcionarios y empleados del gobierno, fondos que fueron destinados para la compra de armamentos para la guerra (<xref ref-type="bibr" rid="B6">BB, 1846</xref>).</p>
				<p>Con el mismo propósito hizo lo mismo un numeroso grupo de mujeres oaxaqueñas, entre ellas Margarita Maza de Juárez, Josefa Mantecón Pacheco, madre de Laura, y Dolores Soto de Fernández Arteaga, sí, esta última, esposa legítima de José Simeón. Este capítulo en la doble vida amorosa de Fernández Arteaga debió ser motivo para que Laura se quitase de por vida el apellido paterno y se dejase sólo el materno: Mantecón. Desde luego también contribuyó el hecho de que, más adelante, José Simeón escalara a lo grande en el gobierno federal, sobre todo en el de su yerno y presidente Manuel González, cuando llegó a ser Presidente del Tribunal Superior de Justicia y no metió las manos para ayudar a su hija Laura Mantecón en los trances de la demanda de divorcio.</p>
				<p>En aquellos tiempos el hecho de que un hombre tuviera <italic>casa chica</italic> no causaba mayores aspavientos en la sociedad, siempre y cuando a la esposa se la tratara con respeto y consideración. Todo el mundo sabía de los triángulos amorosos y el cotilleo debió estar a flor de piel, pero era parte del <italic>modus vivendi</italic>. De aquellos amoríos no quedó huella más que los registros parroquiales de los 12 hijos que Fernández Arteaga tuvo con Dolores y las cuatro con Josefa. En el caso de José Simeón extraña y mucho que la esposa fuese Dolores Soto y que la <italic>emparentada</italic> -así le decían a las mujeres y/o parejas que no estaban casadas pero tenían hijos en común- fuese Josefa Mantecón, sobre todo porque la Mantecón pertenecía a la <italic>crème</italic> de la <italic>crème</italic> oaxaqueña y su alcurnia y linaje venía de tiempos coloniales cuando los Mantecón lo tuvieron todo: dinero y fama, prestigio y poder. Resulta extraño que Josefa haya aceptado ser <italic>de la segunda nidada</italic>. El enredo amoroso fue particularmente complejo en 1845 cuando nació Laura, pues en el mismo año nació Irene, hija de Dolores. Para mayores retruécanos del destino, en el futuro ambas hermanastras serían consuegras, pues el hijo mayor de Laura, Manuel, se casaría con Guadalupe, hija de Irene. Existe una foto de Laura ya abuela, con toda la familia de Irene, casada con Ramón Fernández, muy amigo del General González.</p>
				<p>Siendo niña, todo este enredo debió afectar a Laura y a sus hermanas, Josefa, Serafina y Delfina, nacidas en los años treinta del siglo XIX. Madre e hijas vivieron en la casa de Josefa en la ciudad de Oaxaca, todavía en pie, aunque con algunas modificaciones en la fachada y en el interior: está en la calle de Independencia número 50, justo a un costado de la catedral. A su lado vivía Ignacio Castro Mantecón, propietario de minas y haciendas,<xref ref-type="fn" rid="fn10"><sup>10</sup></xref> casado con Aurora Mantecón Figueroa, <italic>mamá Yoya</italic>, quien fue sobrina nieta de Laura<xref ref-type="fn" rid="fn11"><sup>11</sup></xref> y contó a sus hijas y nietas que la “tía Laura” era muy calzonuda y de armas tomar<xref ref-type="fn" rid="fn12"><sup>12</sup></xref>. Por esos años, cuando <italic>mamá Yoya</italic> contaba los malabares aguerridos de Laura, hacia 1910 y después, la protagonista de esta historia ya había fallecido.</p>
				<p>Como gran parte del país, Oaxaca estaba sumergida en un torbellino de <italic>pronunciamientos</italic> contra el gobierno local establecido <italic>legalmente</italic>. El contexto de guerra permanente permeó la vida de Laura desde la cuna hasta 1877 cuando, obligada violentamente por su marido, se fue a vivir sola a Tacubaya. A partir de entonces, empezaría otro tipo de guerra, más dolorosa y sufrida a solas. Sin hijos, más que visitas eventuales, y sin su familia. La soledad habría de ser su mejor amiga; entendida hoy en día como una emoción que hay que estudiar, también culturalmente, es parte inevitable de la condición humana y está ligada a la habilidad o inhabilidad de interactuar con otros seres humanos. Fay Bound Alberti traza los orígenes de la soledad moderna y ofrece claves, también históricas, para entender su funcionamiento psicológico y físico.<xref ref-type="fn" rid="fn13"><sup>13</sup></xref> Laura sufrió de <italic>soledad emocional</italic>, ya compleja por sí misma y agravada por su condición de género, de mujer sola que “abandonó a su marido y a sus hijos.” De acuerdo con Morelos Canseco González, bisnieto del General, toda la familia le aplicó la ley del hielo.<xref ref-type="fn" rid="fn14"><sup>14</sup></xref> Bien casadas, Josefa, Serafina y Delfina tuvieron vidas tradicionales y tan tradicionales en sus maneras de ser que ninguna defendió a Laura en el pleito de divorcio, ni siquiera aceptaron ser testigos. Sus maridos debían demasiados favores al General González.</p>
				<p>De acuerdo con algunos estudiosos, la guerra saca a flote las <italic>emociones extremas</italic> de los seres humanos, de otra manera <italic>invisibles</italic>, escondidas en las profundidades de lo “no dicho” (<xref ref-type="bibr" rid="B19">Deluermoz <italic>et al</italic>., 2013: 19</xref>). Hasta hace poco tiempo, aproximadamente una decena de años, la guerra se estudiaba desde el punto de vista estratégico y militar, que daba cuenta acerca de las hazañas y derrotas de los oficiales y soldados; sin embargo, poco interesaba abordar los temas del amor a la patria, del odio al enemigo, del miedo a la humillación, del dolor de los duelos; en suma, de analizar las experiencias de carne y hueso de los protagonistas. Diarios, memorias y <italic>partes</italic> de las batallas combatidas por los oficiales y enviadas a sus superiores como las del General Manuel González hablan de aquel maremágnum que representó la prolongada guerra civil entre liberales y conservadores y la guerra contra los franceses.</p>
				<p>¿Que no existía el miedo? Karl Von Clausewitz, general prusiano, reconocido como el filósofo de la guerra de occidente (<xref ref-type="bibr" rid="B43">Ramos Rojas, 2020: 361-367</xref>) escribió que la guerra es el juego de probabilidades y de posibilidades; de todas las ramas de la actividad humana la guerra es la que más se parecía a un juego de cartas porque las tres cuartas partes de la acción bélica yacían ofuscadas en la bruma de la incertidumbre, que llega a trastornar el curso de los acontecimientos (<xref ref-type="bibr" rid="B11">Clausewitz, 2016</xref>). El miedo era emoción sentida por todos en forma brutal; era la mancuerna de la perplejidad: anticipaba el dolor y la muerte (<xref ref-type="bibr" rid="B37">Moscoso, 2021: 121</xref>). La adrenalina, la hormona que prepara al organismo ante situaciones de estrés, amortiguaba el miedo en las batallas que solían durar horas, días, meses… Los gemidos de los heridos y los balbuceos de los moribundos acompañaban el tronido de las balas y de los cañones que estremecían los llanos y las montañas. Y sí, “ese infierno maldito de la guerra” escribió Basilio Rojas durante la guerra de Intervención (Rojas, 1962: 325) fue necesario para darle sentido al grito de <italic>Viva la Patria</italic>.</p>
				<p>Otro tipo de dolor y sufrimiento que forma la <italic>historia interior</italic> de los seres humanos (<xref ref-type="bibr" rid="B37">Moscoso, 2021: 14</xref>) abrumaba a las madres, esposas, hijos e hijas de los oficiales y de los soldados que partían a la guerra. La historia de las emociones de aquellos turbulentos tiempos está plasmada en Memorias de mujeres como la de Concepción Lombardo de Miramón, en cartas de esposas como las de Delfina Ortega de Díaz, en Memorias de soldados como la de Basilio Rojas y en otras obras muy singulares como la escrita por el Secretario de Hacienda de Benito Juárez y de Sebastián Lerdo de Tejada, Francisco Mejía. La biografía de Carlos Tello sobre Porfirio Díaz es particularmente interesante para conocer los artilugios de la guerra, del poder y de las emociones “no necesariamente expuestas como tales, sino entreveradas en el contexto histórico, apenas murmuradas o incluso silenciadas”, no sólo de su persona sino de sus allegados cercanos como su compadre Manuel González y su comadre, Laura Mantecón. Saber leer entre líneas es una habilidad que solemos tener los historiadores y biógrafos.</p>
				<p>Memoria e historia conforman un diálogo que alumbra no sólo las posturas políticas -liberales o conservadores- de los protagonistas sino sus <italic>emociones</italic> al transcribir los horrores de la guerra, del dolor y de la muerte, con todos sus matices. La reconstrucción de ese viaje al pasado para el biógrafo está basada en la lectura analítica de los documentos con el fin de encontrar “la verdad”; esa verdad de actores cercanos y no tan cercanos del sujeto de estudio que necesariamente está teñida con sus historias culturales como también está teñida la del biógrafo al momento de explicar las causas, motivos y razones de las acciones del biografiado.</p>
				<p>La lectura de los documentos personales del biografiado, en este caso de la demanda de divorcio de Laura con todo y los alegatos de los protagonistas, Laura y Manuel, de los abogados de ambos, de las respuestas de los testigos, de las sentencias y otros constituyen una mina de oro. Ello requiere de una lectura profunda y sutil, con distancia y poco apasionada porque resulta fácil sucumbir ante los hechizos de sus quejas, reclamos y plegarias. Lo que he intentado en su biografía es, por supuesto, exponer su voz y luego interpretar, bajo mis ojos, su vida y su época de acuerdo con sus valores familiares y su postura de mujer ofendida. Leon Edel recomienda que el biógrafo tenga una actitud de “observador-participante”, cualidad que explico en mis propias palabras: podemos participar con nuestro protagonista en la escena de un teatro actuando con él o bien tras bambalinas y luego observarlo desde la butaca. Ojo, advierte Edel: ¡el biografiado no necesita terapia ni el biógrafo es terapeuta!” (<xref ref-type="bibr" rid="B20">Edel, 1990: 49-53</xref>). Cuidado con el uso excesivo de la psicología para interpretar sus afanes, sus glorias y sus desdichas. Penetrar en la vida interior de Mantecón ha sido todo un reto; intento exhibir un retrato “de carne y hueso y un pedazo de pescuezo”, lo más fiel posible, sin demasiado colorido, pero sí “con alma”. Para ello, me ha sido útil la lectura de algunas obras de metodología biográfica con inclinación al análisis de la personalidad como la de Paula R. Backsheider, otras deslumbrantes como <italic>Tiempo y Narración</italic> de Paul Ricoeur y otras sugerentes como <italic>El alma está en el cerebro</italic> de Eduardo Punset.</p>
				<p>Tengo en mente demasiadas veces el aforismo de Philippe Lejeune (<xref ref-type="bibr" rid="B30">Lejeune: 1975</xref>) en relación con la autobiografía: “Existe un pacto de verdad con el lector” (o sea: cuidado con la ficción) y aunque necesariamente la interpretación de una biografía es la parte medular, acaso, me pregunto, ¿la interpretación biográfica requiere de una mayor imaginación del historiador? Amén de amasar ciertas lecturas del cómo se “fomenta la observación, percepción e imaginación” mi propuesta es dar “un poco de rienda suelta” a la narración, aderezándola con metáforas, símiles y otros artificios literarios, para enriquecer el <italic>retrato</italic>, pues sólo el arte del acomodo de las palabras, la poética del lenguaje y la <italic>poética de la biografía</italic>, de acuerdo con Paula Backsheider, puede no sólo aumentar el número de lectores sino que la biografía pueda ser leída como una novela.<xref ref-type="fn" rid="fn15"><sup>15</sup></xref> Un curso-taller que tomamos un grupo de biógrafas con Catherine Mayo, quien escribió una novela histórica intitulada <italic>El último príncipe del Imperio Mexicano</italic>, nos enseñó el camino de qué tipo de narraciones atrapa la atención del cerebro del lector<xref ref-type="fn" rid="fn16"><sup>16</sup></xref> y aunque temerosa, pues sólo puedo escribir con las <italic>ataduras</italic> que me dan los documentos (lo cual es limitante) he intentado una escritura biográfica histórica con algunas <italic>pinceladas literarias</italic>; para ello, la narrativa de las emociones del biografiado resulta clave.</p>
				<p>Pasado y memoria conformaron la mancuerna que volvió a dar vida a los hechos del pasado cuando Laura los recordó veinte años después. ¿Tendría un diario? Es posible porque, además de ser costumbre arraigada entre las mujeres de las clases medias y altas, la manera cronológica en que Laura redactó su extenso Alegato de divorcio bien pudo haberse auxiliado de un diario, como hacían algunos escritores y viajeros para reescribir sus vivencias y luego publicarlas.</p>
				<p>Ciertamente, al recordar los hechos del pasado, la <italic>emoción</italic> se modifica de acuerdo con el momento en que se recuerdan las experiencias. En el caso de Laura Mantecón, por ejemplo, cuando socorrió a su marido en los campos de batalla casi en <italic>artículo mortis</italic> y escribió sobre aquellos momentos veinte años después, ya se habían <italic>intensificado</italic> sus emociones. O cuando el General la mandó a Veracruz dizque para curarse de la catalepsia y de regreso encontró su casa cerrada y sin sus hijos. Los acontecimientos permanecían intactos en su memoria, pero el cúmulo de experiencias vividas con González en años posteriores, en forma trágica y violenta, provocó que las recordara en forma de olas, fuertes y enérgicas como un barco en alta mar en plena tormenta:<xref ref-type="fn" rid="fn17"><sup>17</sup></xref> por ello el término que propone Reddy sobre la <italic>navegación de las emociones</italic> es tan acertado.<xref ref-type="fn" rid="fn18"><sup>18</sup></xref>
				</p>
				<p>Porque una emoción que tiene el “carácter multivalente y aún misterioso”, de acuerdo con Reddy, navega en nuestro cerebro a veces en forma zarandeada; de un minuto a otro una misma emoción puede cambiar en forma impredecible,<xref ref-type="fn" rid="fn19"><sup>19</sup></xref> puede ser un <italic>emotive</italic> que se intensifica. Su concepto de <italic>emotives</italic> resulta útil para conocer la radiografía de las emociones, describen el proceso mediante el cual las emociones se forman y se manejan. Los emotives son instrumentos para cambiar, construir, esconder e intensificar emociones y pueden ser más o menos exitosos (<xref ref-type="bibr" rid="B44">Reddy, 2001: 104-105</xref>) y parecidos a lo que son los <italic>performatives</italic> en la teoría del discurso, el <italic>emotive statement</italic> “incide en el mundo, actúa sobre él, no es pasivo” (<xref ref-type="bibr" rid="B44">Reddy, 2001: 322</xref>).</p>
				<p>Puedo comprender el <italic>emotive</italic> de Laura <italic>cuando siento que lo que dice es lo que siente</italic><xref ref-type="fn" rid="fn20"><sup>20</sup></xref> Cuando llegó de Veracruz a su casa de Peralvillo 3 estaba cerrada a piedra y lodo y con guardias al frente:</p>
				<disp-quote>
					<p>Quise ver a mis hijos y tropecé también con una orden que me impedía verlos, y lo que es más doloroso aún, encontreme con un hijo que en tan poco tiempo había aprendido a despreciar a su madre y que al grito materno contestó el alto ahí del centinela, queriéndome impedir el paso con un arma de fuego […]</p>
				</disp-quote>
				<disp-quote>
					<p>Cualquiera que tenga corazón, alcanzará a comprender lo intenso de mi pena, lo desgarrador de un desengaño semejante y cuanto se revelaría en mi espíritu la dignidad ultrajada (<xref ref-type="bibr" rid="B33">Mantecón, 1886: 10</xref>).</p>
				</disp-quote>
				<p>Pero ojo: una cosa es lo que decimos y otra diferente es lo que escribimos.<xref ref-type="fn" rid="fn21"><sup>21</sup></xref> Los historiadores-biógrafos nos guiamos sólo por la palabra escrita (cuando nuestros biografiados han muerto) pero podemos <italic>imaginar</italic> a través de fuentes diversas, la palabra expresada a “viva voz en forma enérgica, suave o a gritos, con sentimiento y emoción, dependiendo a quien está dirigida” (<xref ref-type="bibr" rid="B49">Scheer, 2012: 213</xref>). Lo que esto me sugiere para la narración de mi biografía son las palabras de la demanda: son tan fuertes que las puedo transcribir e interpretar sin temor a equivocarme o a exagerar.</p>
				<p>De acuerdo con Monique Scheer las <italic>emotives</italic> son <italic>prácticas emocionales:</italic> las emociones cambian con el tiempo no sólo debido a que las normas, palabras y conceptos que moldean la experiencia sufren modificaciones sino también porque las prácticas en las cuales se insertan y los mismos cuerpos, sufren transformaciones, o sea, amén de considerar el contexto histórico-cultural en el cual se mueven las emociones, hay que tomar en cuenta los cambios en el cuerpo/mente en cuanto a sus capacidades y funciones (<xref ref-type="bibr" rid="B49">Scheer, 2012</xref>).</p>
			</sec>
		</sec>
		<sec sec-type="supplementary-material">
			<title>Clave 2: comunidades emocionales</title>
			<sec>
				<title><italic>La guerra, el amor y la vida cotidiana</italic></title>
				<p>En tiempos de guerra hasta las bodas de oficiales cambiaban su rito. Eran rápidas y sin bombo y platillo. Así se casaron Miguel Miramón y Concepción Lombardo y así también hicieron lo mismo el entonces oficial <italic>conservador</italic> Manuel González y Laura Fernández-Arteaga Mantecón. La pareja conformada por Laura y Manuel llamaba la atención por su porte y su deslumbrante belleza. Laura parecía brotada de un temple de Botticelli, su rostro ovalado, sus ojos verdes esmeraldinos y su cuello de cisne, símbolo de belleza de los poetas de su tiempo, atrapaba la mirada de propios y extraños; por su parte, Manuel era muy guapo, tenía un tipo español de facciones finas, angulosas y muy viriles y ya para entonces, a sus 28 años, tenía la fama bien ganada de don Juan; de acuerdo con su nieto, Carlos González Montesinos, quien escribió una biografía monumental del militar, poseía tal <italic>sex appeal</italic> que sin que se lo propusiera, las mujeres quedaban cautivadas ante su arrolladora personalidad y caían rendidas ante sus conspicuos encantos (<xref ref-type="bibr" rid="B25">González Montesinos, 2000: 41</xref>). Su hercúlea fuerza y sus hazañas militares que eran muchas, añadían al personaje <italic>dumanesco</italic> cualidades por demás sobrehumanas. Laura debió quedar embelesada con este hombre brotado como de una novela, de ésas que ella leía y que las <italic>malas y las buenas lenguas</italic> prohibían porque exacerbaba los sentidos -de las mujeres- y las inclinaba, de acuerdo con el escritor costumbrista <xref ref-type="bibr" rid="B38">Manuel Payno (2001)</xref> a la melancolía, “a perder el control y tranquilidad de la vida doméstica” (<xref ref-type="bibr" rid="B53">Staples, 1999: 106</xref>), a desarrollar una imaginación desbordada y a la histeria.<xref ref-type="fn" rid="fn22"><sup>22</sup></xref>
				</p>
				<p>Para cuando Manuel se casó con Laura ya era viudo, pero ésa es otra historia. Es posible que su fantasía de enamoradizo lo llevase a planear su segunda boda como si se tratase de una fuga, pues se llevó a cabo con el mayor sigilo posible ¡a las cinco de la mañana! Fue en el Sagrario Metropolitano en un día emblemático para los mexicanos: el 15 de septiembre de 1860. Siendo Manuel amigo y sobre todo oficial al frente del 2º batallón del presidente interino Miguel Miramón es posible que haya asistido esa noche a la celebración de “nuestra emancipación política” en la cual se cantaba el himno nacional y se leían los “documentos relativos” a la Independencia Nacional.<xref ref-type="fn" rid="fn23"><sup>23</sup></xref>
				</p>
				<p>En tiempos de guerra las lunas de miel se convertían en lunas de hiel. La pasión de la pareja González-Mantecón se diluyó como una gota de agua bajo el rayo del sol. Días después de aquella singular boda, Manuel González salió hacia Guadalajara, un bastión importante, todavía en poder de los conservadores. La pérdida de aquella ciudad marcó el inicio del fin de la Guerra de Reforma, pues las fuerzas constitucionalistas bajo el mando de Benito Juárez marchaban hacia la capital de la república, que ocuparon a fines de diciembre de 1860, después de ganar la batalla decisiva en Calpulalpan. Manuel Miramón salió huyendo a Francia y Manuel González y otros comandantes fueron encarcelados en la prisión de Santiago Tlatelolco.</p>
				<p>Aquí empieza la historia de Laura enlazada - indirectamente- con la historia nacional. Le envió una carta a Benito Juárez, a quien, por cierto, conocía de niña, y le solicitó liberase a su marido para que pudiese reponer su salud, ya que en la prisión de Santiago no le procuraban ni las curaciones ni los alimentos adecuados (Sedena, exp. 100038, 100039, citado en <xref ref-type="bibr" rid="B25">González Montesinos, 2000: 50</xref>). El presidente Juárez accedió liberar a un <italic>conservador</italic> posiblemente porque era yerno de su amigo José Simeón, a quien, por cierto acababa de nombrar Presidente del Tribunal Superior de Justicia.</p>
				<p>En los momentos en que se fraguaba la intervención francesa Laura tuvo una capacidad sorprendente de vislumbrar hacia dónde se dirigía el derrotero de la república; quizás también porque lo mamó desde niña, fue palpando, con una sensibilidad especial, los eventos militares, políticos e ideológicos que vibraban en su entorno, calibró muy bien las circunstancias del momento y mostrando una audacia asombrosa convenció a su marido -quien al principio rehusó- para que se pasase al bando liberal, pues de no hacerlo tendría que “soportar la mancha de la traición”(1er Alegato, <xref ref-type="bibr" rid="B33">Mantecón, 1886: 8</xref>).</p>
				<p>En esos tiempos, nadie sabía con certeza quién tendría el triunfo definitivo, si los liberales o bien los conservadores. Es obvio que Laura se inclinaba por los liberales y fue capaz de calibrar aquellos momentos que podían ser contundentes para la vida del coronel Manuel González. Empezó entonces para él una vertiginosa carrera en las armas y en la política en la cual indudablemente le ayudaron los lazos sociales y de alcurnia de los Fernández Arteaga y de los Mantecón Pacheco. Las raíces de Manuel tenían origen diverso.</p>
				<p>Hijo de españoles asentados en Tamaulipas en 1830, Manuel González Flores fue un <italic>self-made man</italic>, un hombre forjado a pulso en la pobreza y entrenado a tope trabajando de sol a sol para superar los avatares de la adversidad. Desde muy joven se enlistó en la Guardia Nacional y luego tuvo una carrera meteórica, pues en seis años, de 1850 a 1856, logró ascender de soldado raso a teniente. Su inteligencia, bravura y férrea voluntad llamaban la atención; así como también su personalidad táctica y visionaria. Gustaba guardar en las alforjas de su caballo reglamentos del ejército y tratados de historia militar, lo que le permitió tener una cultura castrense muy superior al promedio de los jefes y generales del ejército. </p>
				<p>En términos militares, el General Manuel González no tuvo tacha. El hecho de haber abanderado la causa conservadora y luego la liberal no era hecho único o extraño; muchos se cambiaban de un bando a otro, además había varias tonalidades. Su carrera en las armas fue singular porque era capaz de librar adversidades sobrehumanas como la de trasladarse con 30 cañones y todo un regimiento de guerra desde Matamoros, Tamaulipas a Tecoac, Hidalgo, donde encontró a Porfirio Díaz y se libró la batalla que dio el triunfo final a los liberales. Durante cinco meses González cruzó sierras, montañas, barrancas, con aquel pesado convoy que, en temporada de lluvias, se atascaba de vez en vez. Sin duda, fue una proeza, entre muchas otras. Su presidencia de 1880 a 1884 ha sido reivindicada (<xref ref-type="bibr" rid="B13">Cosío Villegas, 1983</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B45">Roeder, 1996</xref>) aunque no se salva de los grandes actos de corrupción que lo hizo amasar una de las grandes fortunas de México.</p>
				<p>Además de coraje y audacia, Laura mostró, a lo largo de su vida, un sorprendente poder de resiliencia para adaptarse y salir adelante en las difíciles circunstancias que le tocó vivir. El temperamento conforma el crisol de las emociones, y así como Laura tenía una naturaleza indómita con un carácter capaz de mover montañas, así fueron sus emociones y sus estados de ánimo: convulsos e impulsivos, impregnados de rabia y de resentimiento. La psicología cognitiva explica cómo las emociones son parte de la percepción y de la evaluación que cada individuo tiene y forja a lo largo de su vida. La manera en cómo se sienten y expresan depende tanto del entorno cultural como de las tendencias que cada persona almacena en su código genético (<xref ref-type="bibr" rid="B46">Rosenwein, 2020: 29</xref>). Cuna y contexto familiar y cultural determinan, pues, el devenir emocional de los seres humanos. Las emociones inestables de enojo en todos sus colores le venían a Laura de su familia <italic>disfuncional</italic> (utilizo el término actual), del contexto de guerra y de su violenta convivencia con Manuel. Más que entornos, la gente vive en lo que Rosenwein denomina <italic>comunidades emocionales</italic> que pueden ser las comunidades sociales, familiares, de vecinos, de barrios; sin embargo, en el primer caso, el investigador busca descubrir “sistemas de sentimientos”, que es aquello que determinada <italic>comunidad</italic> define como valioso o dañino para ella; qué tipo de evaluaciones realiza acerca de las emociones de otros, qué tipo de lazos afectivos son reconocidos entre unos y otros y qué tipo de expresiones emocionales se esperan, se cultivan, se toleran y se desprecian. (<xref ref-type="bibr" rid="B46">Rosenwein, 2020: 36</xref>). Las comunidades emocionales no son rígidas, una persona puede deambular de una a otro siempre y cuando no sean radicalmente diferentes unas de otras.<xref ref-type="fn" rid="fn24"><sup>24</sup></xref>
				</p>
				<p>El grupo social y la comunidad emocional de Laura fue la élite de la ciudad de Oaxaca desde que nació en 1845 hasta 1860 en que se casó con González. Sabemos por ciertas obras como la de Francisco Vasconcelos sobre la vida cotidiana en la ciudad de Oaxaca que la <italic>comunidad emocional</italic> de Laura fue muy religiosa, sobre todo las mujeres iban a misa varias veces al día: a las 5 de la mañana, a las 12 del mediodía y a las seis de la tarde (<xref ref-type="bibr" rid="B58">Vasconcelos, 1993: 5-7</xref>). La religión entonces normaba la vida privada pero también la pública de los individuos de tal modo que ésta constituía el principal elemento de afiliación a su comunidad. La religión era la principal asignatura en las escuelas, ya fuesen públicas o privadas. La cultura católica penetraba por los poros y calmaba las almas de los desdichados; sin embargo, impedía ver al mundo desde la óptica de la razón y el conocimiento científico.</p>
				<p>En aquel escenario de tanta devoción y guerra germinaba un grupo político de liberales radicales y moderados, entre ellos uno de los titanes de nuestra historia: Benito Juárez. Uno de sus grandes méritos fue haber podido unificar bajo su liderazgo a los liberales de todos los matices; ya tenía en mente, hacia 1856-1857, una reforma educativa progresista que cobraría vida propia diez años después, que cambiaría para siempre el paradigma educativo de México. No sólo se trataba de cambiar el sistema educativo sino las leyes que debían normar al Estado y a la sociedad: las Leyes de Reforma que fueron decretadas por Juárez en Veracruz en el verano de 1859. El decreto relacionado a los bienes eclesiásticos proclamaba que de ahí en adelante dichos bienes pertenecerían a la nación, amén de que exigía la total separación de la Iglesia y el Estado. Todas estas ideas que culminaron en forma de leyes en 1859 pudieron llevarse a cabo en forma interrumpida, debido a la guerra civil y a la guerra contra los franceses.</p>
				<p>En este ambiente no sólo de guerra sino también de discusiones fervorosas contra el dominio que ejercía la iglesia en el Estado y en la sociedad debió sacudir la consciencia de las <italic>comunidades emocionales</italic> a las que pertenecía Laura. Es posible, incluso, que haya sido testigo de conversaciones de la élite política entre las cuales pudieron haber estado Juárez, Porfirio Díaz, Justo Benítez, Ignacio Mariscal, su padre José Simeón y otros. De lo que sí tengo registro es de la permanencia de Laura en Oaxaca desde fines de 1863. Llegó a la Ciudad Esmeralda con su primer hijo, Manuel, en brazos y regresó a la Ciudad de México en 1867 con <italic>Nelito</italic> de cuatro años y con Fernando, nacido en la ciudad de Oaxaca en 1865.</p>
				<p>Es posible que la pareja González-Mantecón haya vivido, ya fuera en la casa de Josefa en la calle de la Independencia o bien en la del doctor Manuel Ortega, a la vuelta, en Magro (hoy 5 de mayo) número 18. El doctor Ortega era de los personajes más ilustres de Oaxaca, fue autor del primer mapa moderno de la ciudad, era apasionado de la historia de México, geógrafo, profesor de física, química y de historia natural en el prestigioso Instituto de Ciencias y Artes, de donde era egresado (<xref ref-type="bibr" rid="B55">Tamayo, 1970, t. XII: 303; t. XIII: 670</xref>) El doctor Ortega era esposo de Serafina, hermana de Laura, además de ser padre de Delfina, sobrina y futura esposa de Porfirio Díaz.</p>
				<p>Cuando los franceses ocuparon la ciudad de Oaxaca a principios de 1865 las familias pudientes salieron a sus fincas de alrededor y así fue como Laura y sus hijos y su hermana Delfina, casada con Juan de Dios Higareda, militar bajo el mando de González, y sus cuatro hijos, salieron a la hacienda San Jacinto de Amilpas a un costado del río Atoyac, a unos 20 km de la ciudad de Oaxaca, propiedad de la cual sólo queda una pequeña capilla. Bajo el cuidado del doctor Ortega y Serafina, ahí pasaron <italic>las viudas</italic> de la guerra casi dos años, hasta que los republicanos recuperaron la ciudad de Oaxaca, a fines de 1866. Cuando había tregua en la guerra, a San Jacinto llegaban amigos y familiares como Porfirio Díaz, González e Higareda; aquellas tertulias intelectuales debieron hacer eco en una mujer ávida de ideas y de conocimientos como Laura.</p>
				<p>Delfina -tocaya de su hermana y futura esposa de Díaz- y Laura tenían la misma edad, se conocían y jugaban desde niñas pero ambas tenían caracteres opuestos; Delfina era dulce y sumisa (<xref ref-type="bibr" rid="B56">Tello Díaz, 1998: 51-82</xref>) y Laura temperamental y rebelde. Como otros intelectuales de su tiempo, Ortega tenía una formidable biblioteca de las obras cumbre del liberalismo como de Voltaire, Montesquieu, Rousseau, Diderot y otros. A juzgar por su preparación intelectual reflejada, también, en su demanda de divorcio, es posible que Laura pasara horas enteras embebida en la lectura. Es probable que de niña haya tenido una institutriz, pues su formación refleja bastante más que la que pudo haber obtenido a través de una educación tradicional para mujeres que entonces no tenían acceso más que a una instrucción primaria.</p>
			</sec>
		</sec>
		<sec sec-type="supplementary-material">
			<title>Clave 3. Régimen emocional y refugio emocional</title>
			<sec>
				<title><italic>La catalepsia y el dolor</italic></title>
				<p>Dice la estudiosa de las emociones Barbara H. Rosenwein que la <italic>ira</italic> es la primera palabra escrita en la literatura occidental (<xref ref-type="bibr" rid="B46">Rosenwein, 2020: 1</xref>). Luego, es la primera emoción registrada: fue la cólera de Aquiles la que lo llevó a combatir sin tregua a los troyanos: “Canta, oh diosa, la cólera de Aquiles”. Y si puedo hacer un símil en la historia fue la ira la que movió a Laura a combatir a Manuel bajo todas las instancias jurídicas existentes y todos los parlamentos posibles. A juzgar por la epopeya que Laura pasó durante el proceso de divorcio en los años de 1885 y 1886, amén de todos los años previos de su violento matrimonio, Laura llegó al hartazgo y expresó, en la demanda, fervorosamente, todas sus emociones. Se <italic>salió</italic> de su <italic>régimen emocional</italic> y encontró <bold>
 <italic>su refugio emocional</italic>
</bold> (Reddy, citado en <xref ref-type="bibr" rid="B34">Matt y Stearns, 2014: 8</xref>)<xref ref-type="fn" rid="fn25"><sup>25</sup></xref> en la libertad de expresar abiertamente los hechos que sucedieron en el hogar conyugal y que la llevaron a tomar tal decisión. Ingresemos unos minutos a la casa de los González-Mantecón:</p>
				<disp-quote>
					<p>En un inconcebible orgasmo de furor erótico, mi esposo se ha empeñado en hacer transparentes los muros de su alcoba y ha puesto un lujo de satisfacción en revelar al mundo lo que por espacio de muchos años me empeñara yo en ocultar […] el demonio de la lujuria se enseñoreó de mi marido, devorando sus cuantiosos recursos […] En los cortos intervalos en que durante ese periodo estuvo el Sr. González a mi lado, más de una vez tuve ocasión de presenciar actos vergonzosos de mi marido con las sirvientas de mi casa […] (<xref ref-type="bibr" rid="B33">Mantecón, 1886: 3, 4, 6</xref>).</p>
				</disp-quote>
				<p>Como se puede observar, de acuerdo con la demanda de divorcio de Laura entregada en mayo de 1885 al juez tercero de lo civil, la infidelidad del General Manuel González fue desbordada desde los inicios de su matrimonio. Una cosa era la infidelidad de los hombres de vez en cuando, costumbre tolerada de la época, y otra diferente eran -utilizando un término moderno los excesos sexuales del General (hoy diríamos ¿adicción al sexo?) que hería el amor propio de Laura y hacía añicos su honra y su honor, valores muy preciados y defendidos: “por honor se vive, por honor se muere; por amor se ama, por amor se odia; por honor se grita y por honor se calla” (<xref ref-type="bibr" rid="B59">Zárate, 2022: 350</xref>). Por defender el honor los hombres se batían el duelo; las mujeres lo sufrían y lo callaban. Los hombres lo manifestaban o mancillaban en el orgullo y la vanidad; las mujeres en la honestidad y el recato (<xref ref-type="bibr" rid="B59">Zárate Toscano, 2022: 351</xref>).</p>
				<p>Durante los 18 años que vivieron -con grandes intervalos separados debido a la guerra, lo cual debió afectar a la relación de manera decisiva- bajo el mismo techo, el problema central de la pareja fue no sólo la frivolidad inmoral sexual mostrada sin ton ni son, pues hasta tuvo relaciones con una huérfana que Laura recogió en su casa (12) sino las amantes fijas y no tan fijas y la violencia del General manifestada oral y físicamente contra Laura:</p>
				<disp-quote>
					<p>Luchando unas veces con el celo proverbial en los que contraen uniones desiguales y otras con la caprichosa volubilidad de su carácter irascible, convirtíome en un fardo a quien hacia ir y venir en los caminos conducida por sus ayudantes o subalternos […] (<xref ref-type="bibr" rid="B33">Mantecón, 1886: 6</xref>)</p>
				</disp-quote>
				<disp-quote>
					<p>Más tarde a las palabras soeces sucedieron los malos tratamientos y en mi y en nuestros hijos hicieron explosión las contrariedades sufridas en la casa de sus mancebas que se multiplicaban y sucedían sin tasa ni medida; llegando yo a ser objeto de la compasión de los que rodeaban a mi marido […]</p>
				</disp-quote>
				<disp-quote>
					<p>Ni la influencia de la paternidad conocida como el más noble estímulo […] fue bastante a refrenar su mal carácter, sino al contrario, siendo causa inmediata de la muerte de sus hijos por los malos tratamientos que durante mis embarazos tenía yo que soportar por las costumbres licenciosas de mi marido (<xref ref-type="bibr" rid="B33">Mantecón, 1886: 8-9</xref>).</p>
				</disp-quote>
				<p>El estado permanente de ira, miedo, angustia, depresión, resentimiento y quizás celos velados, enfermó física y anímicamente a Laura. Las emociones negativas suelen ser más poderosas que las positivas porque han desempeñado un rol definitivo en la evolución de los seres humanos y han asegurado su sobrevivencia, opinan algunos psicólogos (<xref ref-type="bibr" rid="B4">Baumeiser, 2001</xref>, citado en <xref ref-type="bibr" rid="B35">McMahon, 2014: 104</xref>). La mayoría de los estudios sobre las emociones se han enfocado en analizar las negativas, precisamente por su dominio sobre las positivas (<xref ref-type="bibr" rid="B35">McMahon, 2014: 105</xref>).<xref ref-type="fn" rid="fn26"><sup>26</sup></xref> Hoy sabemos que, a través de la meditación y otras prácticas de respiración y activación de ciertos puntos energéticos del cuerpo, podemos convertir, si bien paulatinamente, nuestras emociones negativas en positivas. Para ello, el ejercicio físico es, también, fundamental. Sin embargo, durante las últimas décadas del siglo XIX, eso no se sabía y era muy poco lo que los médicos podían hacer para aliviar los estados de ánimo depresivos y ansiosos.</p>
				<p>El hecho de vivir con tal convulsión de emociones y de un sentimiento de tensión física y emocional permanente, de <italic>estrés</italic>, hundió de tal modo a Laura que contrajo la enfermedad de la catalepsia,<xref ref-type="fn" rid="fn27"><sup>27</sup></xref> síndrome descubierto hacía poco tiempo en Europa<xref ref-type="fn" rid="fn28"><sup>28</sup></xref> pero que ya se conocía en México. Además de que el paciente catatónico estaba sumido en la melancolía, hoy en día depresión, tenía problemas psicomotores que podían paralizarlo al extremo de no poder levantarse de la cama. Es posible que, para aliviar su mal, los médicos le dieran a la enferma té de tila, ignatia o algo más efectivo como el hidrato de coral utilizado para aliviar la ansiedad y el insomnio. No había más. Como otras enfermedades parecidas, Laura tenía buenas y malas temporadas -todo dependía del estado de ánimo de su entorno inmediato- algunas de las cuales quedaron registradas en las cartas que el General envió a Porfirio Díaz.</p>
				<p>Cuando se desató aquel padecimiento incurable de Laura, Benito Juárez era presidente y había nombrado a González Gobernador de Palacio Nacional, un puesto de trabajo muy importante porque controlaba todas las tareas de administración del inmueble y diariamente veía al presidente y al Ministro de Fomento, de quien dependía, para recibir órdenes de cualquier asunto. González se relacionaba con la <italic>crema y nata</italic> de todo tipo de funcionarios y gente de renombre que le ayudó a tender una red social y política que sería de gran apoyo para su futuro próximo. El enorme conglomerado de edificios comprendía todos los poderes del gobierno de México: el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial, amén de que ahí vivía el presidente con su familia y González con la suya. No pocas veces debieron convivir las familias o las esposas con sus hijos, aunque no se necesita mucha imaginación para pensar que ambas familias eran como el agua y el aceite. Benito Juárez, Margarita Maza, hijas e hijo tenían una familia bien avenida que salía a pasear algunas tardes al Paseo de Bucareli; Manuel y Laura se la pasaban peleando porque Manuel ya tenía su nicho de amoríos en Palacio.</p>
				<p>En Palacio Nacional se forjaba en palabra y en papel la historia nacional. Ahí se juraron las Constituciones, la última en 1857. Ahí también nacían los hijos de los presidentes y los hijos de los gobernadores. Ahí nacieron dos hijos Luis de Manuel y Laura. Uno nació en 1868, el otro en 1869. Entre uno y otro Laura contrajo la catalepsia. Los dos Luisitos también murieron en Palacio, casi al mes de haber nacido. Solía ser costumbre que cuando un hijo con x nombre moría, al siguiente la pareja lo bautizaba con el mismo nombre, pienso yo que como una manera de perpetuar en la memoria la presencia, aunque efímera, del <italic>angelito</italic> que había encontrado una mejor morada en el cielo. Las familias estaban medianamente acostumbradas ante el eventual drama de la muerte de un hijo recién nacido, de varios meses y años: a los cinco años se empezaba a decir que un niño “se había logrado”. Ante cualquier padecimiento de un bebé -sobre todo diarreas y pulmonía- la familia entera temblaba: sin la existencia de antibióticos ni medidas de higiene como las conocemos hoy en día y sin leche materna -la mayoría de las madres de las clases medias y altas no amamantaba a sus hijos, contrataba nodrizas- los chiquillos no tenían las defensas necesarias para combatir las infecciones.</p>
				<p>Es fácil ponerse bajo la piel de Laura Mantecón y sucumbir ante su enorme dolor y sufrimiento. La muerte de dos hijos más los abortos que le provocó el General “intensificó su estado emocional”, la llevó a la desesperación (<xref ref-type="bibr" rid="B37">Moscoso: 2021: 124</xref>). ¿El dolor es la madre y el padre de las emociones? Moscoso afirma que, al contrario del medievo tardío en que se “reinvindicó el máximo dolor posible”, el siglo XIX defendió, en los contextos médico, político y social “el mínimo dolor necesario” (<xref ref-type="bibr" rid="B37">Moscoso, 2021: 125</xref>) y, aunque, en efecto, <italic>grosso modo</italic>, las fuentes médicas y sociales podrían orientarse hacia la premisa de Moscoso, la medicina psiquiátrica estaba en pañales, no sólo en México sino en el mundo occidental. Cierto, se buscaba aminorar el dolor físico y emocional pero no se sabía cómo. Tal vez buscando alguna medicina para aliviar su propia enfermedad, años después, Laura inventó “una preparación medicinal” llamada <italic>Bendición del cielo</italic> para curar la sífilis, el tifo, la viruela negra, el sarampión, la escarlatina, la estrechez de uretra, calenturas y fiebres perniciosas.<xref ref-type="fn" rid="fn29"><sup>29</sup></xref> ¡Todo menos lo suyo! ¿Por qué? Porque la catalepsia está asociada a alguna enfermedad del sistema nervioso y ni hoy en día se sabe cómo curarla. Se alivia con relajantes musculares.</p>
				<p>Si el dolor es una experiencia física, emocional y sensorial subjetiva, dónde queda la culturalidad, se pregunta Javier Moscoso (<xref ref-type="bibr" rid="B37">Moscoso, 2021: 18</xref>). El dolor como objeto de investigación y de práctica médica sólo tiene lugar en el siglo XX. ¿Cómo conocer sus manifestaciones subjetivas y culturales en el siglo XIX? A través de testimonios en cartas, memorias, novelas, demandas judiciales, revistas médicas y jurídicas, periódicos de índole variopinta, entre otras. De acuerdo con la demanda de divorcio de Mantecón, parecería que la mujer con semejantes agallas no siguió ningún molde cultural (si lo hubiese seguido se hubiese quedado callada) sino que “adelantada a su tiempo” para utilizar las palabras de un experto en la “medición del tiempo”, François Hartog, se convirtió “en una engendradora del porvenir que la historia reconocerá algún día (<xref ref-type="bibr" rid="B26">Hartog, 2009: 14-34</xref>). Al enfrentarse en un juicio contra un hombre con tanto poder como González, Laura Mantecón rompió con todo un código de comportamiento femenino y en su demanda expresó su dolor y sus emociones:</p>
				<disp-quote>
					<p>Mis lágrimas rodaban sin testigos, ni quien las enjuagase porque se me aislaba de todo afecto legítimo. Por un lado se me empujaba a la perdición para encontrar disculpa al desenfreno de mi esposo y por otra, Sr. Juez…las lágrimas me ahogan al pensarlo, se corrompían los tiernos corazones de mis hijos enseñándoles a despreciarme y maldecirme, obligándoles a que en la casa paterna viviesen con las concubinas de su padre (<xref ref-type="bibr" rid="B33">Mantecón, 1886: 14</xref>).</p>
				</disp-quote>
				<p>Las lágrimas también tienen su historia cultural y nos dicen cómo funciona el cerebro emocional. Hay todo tipo de lágrimas y el conocimiento de su rompecabezas nos lleva por otros senderos emocionales (<xref ref-type="bibr" rid="B32">Lutz, 1999</xref>) que nos sirven para detectar “estilos emocionales”, dependiendo de las normas existentes en determinado contexto.<xref ref-type="fn" rid="fn30"><sup>30</sup></xref> Resulta evidente cómo Laura desgajó los frenos que le imponían las normas de su comunidad emocional y caminó, con mucho dolor y lágrimas, por el laberinto de su sufrimiento y soledad en busca de su libertad. Algo sorprendente es que Laura estuviera consciente de su singularidad como mujer. De acuerdo con sus propias palabras: “He aquí el porqué del arrojo que algunas veces he mostrado y que tan poco común o natural parece en una mujer” (<xref ref-type="bibr" rid="B33">Mantecón, 1886: 7</xref>).</p>
				<p>Todas las medidas que tomaba el General, para entonces ya en convivencia con su amante Juana Horn, con quien tuvo dos hijos, no hacían más que enfurecer más a Laura, hasta que vino el rompimiento y la forzó violentamente a irse a vivir a Tacubaya “[…] sola y para colmo en un alojamiento demasiado modesto […] se esperaba que viviese no como una mujer, sino como una mercancía…era el retrete de una prostituta” (<xref ref-type="bibr" rid="B33">Mantecón, 1886: 13</xref>). Todo aquel plan fue urdido bajo las aguas. Ante la amenaza de la separación de la pareja, las hermanas de Laura se involucraron para intentar salvar el <italic>honor</italic> de la familia; le rogaban aceptase el ofrecimiento de Manuel: que se ¡fuese un tiempo a Oaxaca! (<xref ref-type="bibr" rid="B33">Mantecón, 1886: 13</xref>). Laura no accedió porque la lejanía le impediría ver a sus hijos, entonces de 13 y 15 años internos desde niños en el Colegio Baz, uno de los mejores colegios privados de la Ciudad de México. Considerando la inestabilidad en el seno familiar, la prolongada estadía de los niños Manuel y Fernando en dicha escuela fue provechosa. De ahí ingresaron al Colegio Militar, por cierto reformado, con planes de estudios modernos, por el presidente Manuel González.</p>
			</sec>
		</sec>
		<sec sec-type="supplementary-material">
			<title>Clave 4: Emocionología, experiencia emocional y régimen de género</title>
			<sec>
				<title><italic>Manuel versus Laura; ojo por ojo y diente por diente</italic></title>
				<p>Los historiadores pioneros en el estudio de las emociones Peter N. Stears y Carol Z. Stears han introducido el término <italic>emocionología</italic> para explicar las actitudes o estándares emocionales que tiene y expresa determinada sociedad y las maneras en que las instituciones reflejan y fomentan estas actitudes en la conducta humana (<xref ref-type="bibr" rid="B54">Stearns y Stearns, 1985: 813</xref>). En su multicitado artículo publicado en <italic>The American Historical Review</italic> invitan al historiador de las emociones a que primero estudie el contexto emocional de determinada época para luego insertarse en el de la <italic>experiencia emocional</italic> individual o de grupo. La distinción entre ambas puede aportar las mejores evaluaciones de la experiencia emocional (<xref ref-type="bibr" rid="B54">Stearns y Stearns, 1985: 825</xref>). La tensión entre los estándares y las experiencias puede arrojar luz acerca de las relaciones entre la historia emocional y la estructura de clase. “Las reglas sentimentales” pueden observarse más claramente en grupos hegemónicos. Un buen foro para conocerlas puede encontrarse en el teatro de los juzgados (<xref ref-type="bibr" rid="B29">Kounine, 2017: 219-230</xref>), como veremos más adelante.</p>
				<p>Rob Boddice de la Universidad de Berlín ha aportado algunas ideas teóricas y metodológicas innovadoras con respecto al estudio de las emociones; invita a investigarlas desde una dinámica biocultural con sentimientos, expresiones y experiencias dependientes y/o condicionadas en determinadas situaciones. Las emociones se construyen en el cerebro y se construyen en un cuerpo que está situado en determinado tiempo y espacio (<xref ref-type="bibr" rid="B7">Boddice, 2020</xref>). Las emociones deben estudiarse bajo el entendimiento de la materialidad biológica del cuerpo; son parte de la historia biocultural de los seres humanos (<xref ref-type="bibr" rid="B8">Boddice, 2017: 12</xref>). Por otra parte, sugiere Boddice que resulta importante acercarse a la neurociencia (<xref ref-type="bibr" rid="B8">Boddice, 2017: 12-13</xref>) al estudio del sistema nervioso que procesa y manifiesta nuestras funciones corporales, nuestros pensamientos y nuestras emociones. El término <italic>experiencia emocional</italic> de Boddice debe responder a las preguntas: ¿qué causa las emociones, en qué forma se manifiestan y cuáles efectos tiene? Esta tríada de componentes me ha resultado útil al momento de explicar las emociones de Laura en determinado tiempo y espacio.</p>
				<p>Aunque los historiadores teóricos de las emociones han aportado muchas ideas acerca de <italic>cómo entenderlas históricamente</italic>, mi experiencia me indica que no existe ningún paradigma -ni creo que existirá-, dada la complejidad con la cual se elaboran y se manifiestan. Sin embargo, todas las ideas que existen sobre ello han enriquecido mi <italic>espectro interpretativo</italic> y me han orientado <italic>sin dirección y sin influjo</italic> precisos cuáles son los caminos posibles para encontrar y explicar <italic>las claves</italic> del alma, del corazón y de la mente de Laura Mantecón.</p>
				<p>Otro enfoque que he tomado en cuenta es el <italic>régimen de género</italic>, definida por <xref ref-type="bibr" rid="B9">Damien Boquet <italic>et al.</italic> (2018)</xref> como una configuración única y particular entre los sexos, en un determinado contexto histórico y documental (<xref ref-type="bibr" rid="B9">Boquet <italic>et al</italic>., 2018: 15</xref>). La idea de la cultura occidental con respecto a que el hombre representa la razón exhibe mayor control sobre sí mismo, es dueño y señor de sus emociones <italic>versus</italic> la emocionalidad e irracionalidad de la mujer ha sido desplazado por una interpretación más amplia, negando estos atributos tradicionales y orientando el entendimiento de la emoción en su contexto social, cultural, histórico, de clase. Cualquier emoción puede ser tan viril o femenina como se entienda y explique en determinada situación. Hombres y mujeres comparten las mismas comunidades emocionales sin ocupar las mismas posiciones en ellas. Sin embargo, en eventos especiales como en las guerras, el <italic>código emocional</italic> de ambos sexos sufre sacudidas, sin destruir su fundamento. En esos momentos críticos, el hombre puede llorar de alegría al ver a su esposa e hijos, mientras ella contiene sus lágrimas para darle valor (<xref ref-type="bibr" rid="B9">Boquet <italic>et al</italic>., 2018: 11-18</xref>).</p>
				<p>La emocionología dominante de una sociedad como la del siglo XIX incorpora normas para hombres y mujeres mismas que no necesariamente describen la experiencia emocional. Las mujeres sentían más frecuentemente ira que la que sienten actualmente. Su comportamiento y su experiencia emocional pudo haber sido influida por la emocionología cuando la ira se concentraba en la familia o se revelaba a través de la histeria. Sus emociones surgían de los estándares emocionales (<xref ref-type="bibr" rid="B54">Stearns y Stearns, 1985: 827</xref>). Aunque el contexto histórico emocional de Stearns y Sterns es sustancialmente los Estados Unidos, se podría aplicar a México, por eso resulta tan extraordinario que Laura haya salido de los estándares emocionales impuestos por la emocionología dominante y además, porque las niñas y mujeres estaban más influidas por aquellos estándares impuestos (<xref ref-type="bibr" rid="B54">Stearns y Stearns, 1985: 827</xref>).</p>
				<p>Durante las últimas décadas del siglo XX nació un <italic>nuevo régimen emocional</italic> con la <italic>mujer moderna</italic>, quien ha sido capaz de controlar sus emociones, como los hombres (Vezzadini, citado en <xref ref-type="bibr" rid="B9">Boquet <italic>et al</italic>., 2018: 17</xref>) y yo añadiría en los espacios públicos. ¿Podríamos hablar de regímenes espaciales privados y/o públicos? En realidad, los seres humanos expresamos emociones de diferente manera en los espacios públicos en los cuales “controlamos nuestras emociones” y en los espacios privados donde las externamos abiertamente. Intramuros del hogar se manifiestan abiertamente: dice sabiamente el refrán <italic>Vive con Andrés un mes y te diré quién es</italic>. La convivencia bajo el mismo techo explora la intimidad emocional de los seres humanos, casi en forma cabal. A través de la demanda pude conocer la violenta convivencia entre aquellos dos indomables titanes. Los alegatos me abrieron los ojos para recorrer los espacios domésticos en forma viva y realista: las paredes de su alcoba me hablaron de aquellos micro contextos y espacios íntimos ¿acaso podríamos llamarlos refugios íntimos?<xref ref-type="fn" rid="fn31"><sup>31</sup></xref> El lecho de amor y pasión se convirtió en un lecho de odio y reclamación. Aquel lecho, portador de tantos secretos, fue también testigo de otros amoríos del General y cuna de dos bebés, hijos de Juana Horn: Manuel y Luis. ¡Qué mal tino de llamarlos con los mismos nombres que los de Laura!</p>
				<p>El <italic>arrojo</italic> de su liberada mujer debió enloquecer al General. El hombre que mantuvo a raya ejércitos completos, que gobernó ciudades y pueblos, que educó estrictamente a sus hijos, que manejó con brío y brida la vida de muchas mujeres, no pudo dominar a la propia. El hecho debió enfurecerlo. La ira, decía Aristóteles, manifiesta dos aspectos, uno agradable y otro desagradable. El desagradable existe por un <italic>deseo de venganza</italic> y el agradable porque una vez vengándose, surgía un sentimiento placentero (<xref ref-type="bibr" rid="B46">Rosenwein, 2020: 194</xref>). Hoy en día, la venganza está ligada a la agresión<xref ref-type="fn" rid="fn32"><sup>32</sup></xref> y sin duda, también, esta emoción se incorporó junto con el honor mancillado, al atormentado abanico de sentimientos de la pareja.</p>
				<p>Con el deseo de vengarse, Manuel utilizó, también, uno de los castigos emocionales más poderosos, el silencio: no respondió a las múltiples cartas que Laura le envió ni aceptó verla -nunca- desde que ella se fue a Tacubaya en 1878. Amén de ello, Manuel no admitió en su papel de hombre herido que Laura pudiera salir adelante montando tres negocios a toda forma: un Colegio para niñas incorporando los métodos pedagógicos más modernos, una Casa de modas en la mejor calle comercial de la Ciudad de México, San Francisco, y una Casa de huéspedes. La venganza del General fue mordaz: mandó cerrar los tres comercios de una manera mezquina, <italic>por debajo del agua</italic>: a la escuela le corrió a los maestros, a la Casa de modas la asaltaron y a Laura le impusieron multas sin merecerlas y a la Casa de huéspedes le envió parejitas de amantes que montaron escándalos desprestigiando al lugar. Aplicando el modelo hegemónico de masculinidad que se entiende como un modelo que da cuenta de tres elementos: <italic>hombre en poder, hombre con poder y hombre de poder</italic> mismo que implica manifestaciones de una masculinidad “fuerte, exitosa, confiable, capaz y en control” pero que controla sus emociones<xref ref-type="fn" rid="fn33"><sup>33</sup></xref> podría muy bien encajar en el perfil de hombría que se trazó el General. Cierto, controló o simuló sus emociones en el régimen o comunidad emocional que le tocó vivir pero las manifestó abierta y violentamente en su convivencia con Laura y en sus acciones contra ella, veladamente.</p>
				<p>Harta de los acosos de González, la valiente mujer decidió irse allende el Río Bravo:</p>
				<disp-quote>
					<p>Cansada al fin de persecuciones y habiendo reunido una pequeña suma, fruto de mi trabajo, me expatrié, refugiándome en los Estados Unidos en donde hacía mis estudios de medicina sosteniéndome con la ejecución de obras de mano, muy estimadas en aquel país […] (<xref ref-type="bibr" rid="B33">Mantecón, 1886: 16</xref>)</p>
				</disp-quote>
				<p>El General siguió con la persecución emocional aumentando el tono maquiavélico de sus acciones.</p>
			</sec>
		</sec>
		<sec sec-type="supplementary-material">
			<title>Clave 5. El teatro de los juzgados</title>
			<sec>
				<title><italic>La obra maestra de la justicia es parecer justo sin serlo</italic></title>
				<p>Corrían los primeros días de mayo de 1885 cuando Laura entregó al juez 3º de lo civil la demanda de divorcio. Lo que sucedió en los juzgados, en los tribunales, con los jueces y los abogados, con la aplicación y/o interpretación de la ley y todo cuanto envolvió a la demanda de divorcio de Laura representa un libro abierto a la emoción. Ahí brotaron sus dolores del alma y sus dolores del cuerpo. El juicio duró casi dos años que debieron ser infernales para ella y su abogado <xref ref-type="bibr" rid="B18">Juan Cordero (1886)</xref>, un profesionista con mucha práctica que honraba el ejercicio de la abogacía con los símbolos de la balanza (igualdad), la espada (fortaleza) y la venda sobre los ojos (la imparcialidad) <italic>agarrado a un clavo ardiendo</italic>. El hecho de haber defendido a Laura lo muestra como un hombre generoso y especial, dispuesto a apoyar a una mujer desprestigiada y además con la espada desenvainada; ciertamente, tanto él como su defendida, sabían muy bien contra el Goliat al que se enfrentaban.</p>
				<p>Aunque Laura quería divorciarse de Manuel hacía varios años, esperó el momento más oportuno para interponer la demanda, justo cuando González salió de la presidencia, desprestigiado por sus actos de corrupción. El hecho fue agravado por una politiquería sucia que montaron Porfirio Díaz y Manuel Romero Rubio, su secretario de Gobernación, para que González no pudiera volver a contender por la presidencia. Además, Díaz lo mandó como gobernador a Guanajuato. Lo quería lejos. En términos del juicio esta lejanía fue ventajosa para el General, pues nunca se presentó al juzgado. El demandado solicitó que el juicio fuese a puerta cerrada, lo cual era permitido legalmente, cuando el tribunal o juzgado “convenga sean secretos estos actos por respeto a las buenas costumbres”.<xref ref-type="fn" rid="fn34"><sup>34</sup></xref> El conocido licenciado Gumersindo Enríquez, el primer abogado del General (pues tuvo uno diferente en cada instancia jurídica), tenía un importante despacho de abogados y conocía bien las cavernas de la ley y los intríngulis de los tribunales.</p>
				<p>Los documentos legales pueden convertirse en una de las mejores fuentes históricas para conocer las vidas, las mentes y las emociones de las personas del pasado (<xref ref-type="bibr" rid="B29">Kounine, 2017: 226</xref>). Laura Kounine me llevó de la mano para entrar al teatro de los juzgados y así traslucir con la demanda en mano, las emociones psicológicas, físicas y corporales de las prácticas emocionales de Laura (<xref ref-type="bibr" rid="B29">Kounine, 2017: 221-222</xref>). En el mundo del litigio demandante y demandado exponían, ante los ojos de la ley, sus versiones de la <italic>verdad</italic>; sus narrativas están sumergidas y acaso edulcoradas con las nociones de las normas emocionales evidenciadas y permitidas y no tan evidenciadas e incluso escondidas. Captar sentimientos y argumentos entrelíneas en aquella época y tener conocimientos sobre psicología, la nueva disciplina en boga, fueron atributos importantes en aquella época. A través de varias fuentes periodísticas y revistas especializadas como <italic>El Foro</italic> y fuentes secundarias clásicas como las de <xref ref-type="bibr" rid="B51">Elisa Speckman (2009</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="B52">2006)</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="B23">Ana Lidia García Peña (2006)</xref>, pude develar las mentalidades culturales de la época, las diferencias de género, los alcances del poder y los estragos que produce la riqueza.</p>
				<p>Para la historia de las emociones el juicio de Laura es una joya: se encuentran expuestas todas las emociones en todas sus tonalidades porque ella misma escribió y reflejó sin cortapisas lo que sentía, algo poco común visto en los juzgados donde la simulación era la norma. Es por sí mismo un documento testimonial de alto valor sobre la historia del proceso de emancipación de las mujeres.</p>
				<p>Acaso la expresión inmoderada de Mantecón puede representar un caso cuya transparencia emocional femenina se desvincula de las atávicas formas de represión aprendidas en los medios culturales donde la premisa “calladita te ves más bonita” vendría a ser la rúbrica constante de las mujeres de buenas costumbres, donde el decoro y los finos modales, así como la discreción, el recato y la sumisión fueron parte del ajuar con el que una mujer tenía que ataviarse antes de salir al mundo a enfrentar los avatares de la vida. Este solo hecho, la afrenta a mostrar en público su emocionalidad poniendo en riesgo su capital social y cultural.</p>
				<p>Hoy en día se sabe que la acumulación de emociones negativas se convierte en una bomba de tiempo. En la época de Laura, si bien las emociones estaban <italic>contenidas</italic> culturalmente, los seres humanos vivían bajo su influjo y poderío lo que significaba, en el caso de Mantecón, que estuviesen desbordadas debido, por una parte, a que se acumularon, y por otra, a que se iban alterando y agravando al tiempo que las sentencias de divorcio se dictaban negativas.</p>
				<p>El resentimiento contra los hombres, dice Virginia Woolf, es una combinación de odio y miedo que surgió en las mujeres cuando vivían atrapadas en un modo de vida impuesto por los hombres (Woolf, citada en <xref ref-type="bibr" rid="B36">Moruno, 2013: 1</xref>)<xref ref-type="fn" rid="fn35"><sup>35</sup></xref>. El resentimiento surge, de acuerdo con Hannah Arendt, en las personas reducidas a una total impotencia (<xref ref-type="bibr" rid="B36">Moruno, 2013: 4</xref>). El resentimiento actúa en silencio porque su expresión está bloqueada por fuerzas como el miedo la ansiedad, la depresión e la intimidación. El grupo académico conformado por científicos sociales y médicos que han estudiado el resentimiento afirman que esta emoción puede derivar en enfermedades psicosomáticas (<xref ref-type="bibr" rid="B36">Moruno, 2013: 11</xref>). Como se puede observar, esta emoción engloba a otras y se caracteriza por la obsesión de los hechos del pasado. Parecería que el resentimiento abarcaría entonces, de acuerdo con varios expertos, a varias emociones, todas ellas sufridas por Laura Mantecón. Basta leer la demanda en que la destrozada mujer enumera y explica las cinco causas: adulterio, corrupción de los hijos, abandono de la casa conyugal, sevicia y negativa para ministrar alimentos, para irse de espaldas y asombrarse por el valor que tuvo para enfrentarse a semejante litigio (<xref ref-type="bibr" rid="B46">Rosenswein, 2020: 151</xref>).</p>
				<p>A continuación la 4ª causa, la sevicia</p>
				<disp-quote>
					<p>bastará para probarla, el testimonio de numerosos presenciales y las huellas que en mi salud y cuerpo conservo como un álbum de violencias ejercidas por un marido que no sabiéndose respetar, no podía respetar a su compañera, poniendo su dignidad en la punta de una bota, exponiéndose a una viudez voluntaria (<xref ref-type="bibr" rid="B33">Mantecón, 1886: 20</xref>).</p>
				</disp-quote>
				<p>Laura recurrió a las dos posibles instancias judiciales: juzgado 3º de lo civil, Tribunal Superior de Justicia y al último recurso: al Recurso de Casación.<xref ref-type="fn" rid="fn36"><sup>36</sup></xref> En los tres la sentencia fue negativa para Laura, es decir, no se le concedió el divorcio. Injustificadamente se le acusó de abandono de hogar (pese a que se sabía y se comprobó con los testimonios de los testigos que el General la había obligado a irse a Tacubaya). Con un discurso liberal y sumamente innovador, Laura había catalogado el hogar conyugal como el espacio por antonomasia donde la mujer vive, en tanto que la mujer “es la clave de la familia y centro de afecciones” (<xref ref-type="bibr" rid="B33">Mantecón, “Alegato”, 1886: 54</xref>).</p>
				<p>En este artículo no puedo detenerme en la narrativa de los juicios, que elaboro en la biografía de manera pormenorizada, pero está claro como el agua, a través de varias cartas enviadas y recibidas del General González a su secretario Carlos Rivas, cómo el presidente Porfirio Díaz y su Secretario de Justicia e Instrucción Pública, Joaquín Baranda, intervinieron con <italic>mordidas</italic>, amenazas y favores para doblegar la opinión de los tres magistrados del Tribunal Superior de Justicia a favor de González (dos de ellos a favor de Laura).<xref ref-type="fn" rid="fn37"><sup>37</sup></xref> Dijo Platón: la obra maestra de la injusticia es parecer justo sin serlo. Con estas artimañas, don Porfirio compensó a su compadre Manuel de lo hecho hacía poco tiempo.</p>
				<p>Mantecón se defendió con uñas y dientes en los tribunales. Auxiliada por <xref ref-type="bibr" rid="B12">Cordero (1886)</xref>, sus maniobras jurídicas se apoyaban, desde luego en el recientemente creado <italic>Código Civil</italic> de 1881, reformado en 1884 por González, el <italic>Código de Procedimientos Civiles</italic> y en varias leyes mexicanas y, también francesas, en las cuales las nuestras se habían inspirado.</p>
				<p><italic>Ojo por ojo y diente por diente</italic> dice el refrán de hace cuatro mil años y la venganza se desató con toda la furia<xref ref-type="fn" rid="fn38"><sup>38</sup></xref> que Laura Mantecón había almacenado en su mente y corazón desde hacía mucho tiempo. Envió a todos los periódicos el juicio completo y así le sacó <italic>todos los trapitos al sol</italic> al General, quien sólo tuvo tiempo de apagar la flama de algunos. Con esta medida, tal vez, la valiente mujer en su fuero interno intentó salvar su honra, consideraba en el siglo XIX, como el valor supremo en la vida de las personas (<xref ref-type="bibr" rid="B24">Gonzalbo Aizpuru, 2022</xref>).</p>
			</sec>
		</sec>
		<sec sec-type="conclusions">
			<title>Conclusiones</title>
			<p>Las claves, los signos y/o las pautas para conocer y descifrar el código emocional de la vida de un sujeto del pasado constituye un reto que es necesario tomar con cautela, mesura y prudencia. Oír el canto interior, los estados de ánimo y la pulsión íntima de Laura Mantecón requirió de varios años de lectura, reelectura y meditación sobre los vericuetos y misterios de su vida emocional mostrada sin cortapisas en la demanda de divorcio contra su marido el ex presidente, General Manuel González. Laura y Manuel fueron dos titanes indomables que no cedieron ante sus propios infiernos personales y eligieron la ira y la venganza como las fuerzas sonoras incontrolables en la peor tormenta de asechanzas y perfidias. La primera con justa razón, el segundo, por desagravio al sentirse herido en su hombría.</p>
			<p>Las cinco claves del pentagrama emocional de Laura, utilizadas en este trabajo me ayudaron a entender y a aterrizar sus revuelos sentimentales. Así como la tonadilla musical de Vinteuil recorre la estructura de <italic>En busca del tiempo perdido</italic> de Marcel Proust, así la justicia recorre la vida y la demanda de divorcio de Laura Mantecón. Es la Estrella Sirio de su firmamento. La aguerrida mujer estudiaba y entendía la justicia como la diosa romana <italic>Iustitia</italic>, representada llevando una balanza y una espada, con los ojos vendados. Laura conocía muy bien el Goliat al que se enfrentaba pero siempre tuvo la esperanza que su causa colmara la conciencia de los jueces, como en realidad fue. Sin embargo, el Poder de la Justicia provino, en este caso, de Palacio Nacional.</p>
			<p>El complejo estudio de las emociones del pasado conlleva un engranaje de conceptos teóricos y metodológicos anunciados, en parte, en este trabajo. Laura pertenecía a una <italic>comunidad emocional</italic> y se regía por un <italic>régimen y refugio emocionales</italic>. El contexto social emocional (<italic>emocionología</italic>) moldea la <italic>experiencia emocional</italic> psicológica individual. La época de guerra intermitente que le tocó vivir y su propia experiencia de ser hija de una mujer de alcurnia y de riqueza y de un hombre de luces pero con <italic>casa chica,</italic> y luego su matrimonio con un hombre violento y desbordado sexualmente la llevaron a una franca y abierta rebelión. A todas luces Laura representa un caso asombroso de una mujer que salió de las normas sociales de su momento en las cuales “calladita te ves más bonita” era el sello que las mujeres de buenas costumbres como el decoro, la moderación y la sumisión debían poseer. Sin embargo, esta osada mujer de temple y de agallas mostró una emocionalidad sin freno en una sociedad católica y recatada, por lo cual pagó un precio muy alto: el del desprecio, aun de su propia familia.</p>
			<p>La abierta exposición de la emocionalidad de Laura me ha obligado a estudiar profusamente la <italic>emocionología</italic> del pasado y me ha mostrado que las emociones navegan en mares suaves y plácidos pero sobre todo, en olas de tormenta y gravitación. La ira, el resentimiento y la venganza de Laura fueron subiendo de tono al tiempo que las sentencias de divorcio favorecían al General. Desbrozar las hojas de su jardín interior me ha llevado a entender su tragedia y su pathos en varios tiempos, dinámicas y tesituras.</p>
		</sec>
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			<title>Fuentes consultadas</title>
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				<mixed-citation>Bachelard, Gaston (1957), <italic>La poética del espacio</italic>, Fondo de Cultura Económica.</mixed-citation>
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					<source>La poética del espacio</source>
					<publisher-name>Fondo de Cultura Económica</publisher-name>
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			<ref id="B2">
				<mixed-citation>Backscheider, Paula R. (1999), <italic>Reflections on Biography</italic>, Oxford, Oxford University Press.</mixed-citation>
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					<source>Reflections on Biography</source>
					<publisher-loc>Oxford</publisher-loc>
					<publisher-name>Oxford University Press</publisher-name>
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				<label>1</label>
				<p> Me refiero a este “tipo” de silencios: pese a que el divorcio de Laura y Manuel cundió como hilo de pólvora en la sociedad de la Ciudad de México, fue poquísimo lo que se escribió en los periódicos. Ese silencio de los diarios me indica que Manuel González o el mismo Porfirio Díaz <italic>compraron</italic> ese silencio. Otro tipo de silencios son los “inherentes en la historia debido a que cualquier acontecimiento entra en la historia perdiendo alguno de los elementos que lo constituyen”. Michel-Rolph Trouillot desarrolla esta idea en las fuentes, en el ensamblaje de los hechos, en la construcción de las narraciones y en la composición de la Historia. El eje del libro es el silenciamiento de la Revolución haitiana (<xref ref-type="bibr" rid="B57">Trouillot, 2017</xref>).</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn2">
				<label>2</label>
				<p>Durante la década entre 1880 y 1890 críticos al artículo de James afirmaron que este autor falló al no distinguir entre emociones y no emociones, que le dio demasiada prioridad a las sensaciones del cuerpo y negó el rol que desempeñaban los factores cognitivos e intelectuales de las emociones (<xref ref-type="bibr" rid="B16">Dixon, 2012: 342</xref>)</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn3">
				<label>3</label>
				<p>Tanto san Agustín como santo Tomás de Aquino pensaban que los seres humanos eran alma y cuerpo; las pasiones eran fuerzas sin dirección, movimientos del apetito y del deseo; los afectos, movimientos voluntarios del alma racional (<xref ref-type="bibr" rid="B16">Dixon, 2012: 243</xref>). Este libro muestra la historia de las emociones desde san Agustín y santo Tomás de Aquino hasta la actualidad.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn4">
				<label>4</label>
				<p>Uno de los mejores libros sobre la historia de las emociones es el de Thomas Dixon <italic>From Passions to Emotions. The Creation of a Secular Psychological Category</italic> (<xref ref-type="bibr" rid="B17">Dixon, 2003</xref>). En un artículo posterior “Emotion: The History of a Keyword in Crisis” publicado en 2012, Dixon (y otros historiadores como P. E. Griffiths y J. Elster) ponen en tela de juicio el concepto de emoción como palabra abarcadora para todas las emociones y propone volver a las ideas de san Agustín y santo Tomás de Aquino, quienes las dividían en pasiones y afectos. Esta idea puede inspirar la investigación hacia un nuevo paradigma científico; tal vez tomar en cuenta lo que sugiere <xref ref-type="bibr" rid="B21">Elster (1999)</xref> y dividir las emociones en dos subcategorías: los más primitivos afectos y las emociones más elevadas cognitivamente (<xref ref-type="bibr" rid="B16">Dixon, 2012</xref>).</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn5">
				<label>5</label>
				<p>Como el Max Planck Institute for Human Development en Alemania; Emotional Studies Research Group del Centro de Ciencias Sociales y Humanidades en Madrid en conjunto con el Instituto de Medicina y Salud de la Universidad de Ginebra, entre otros. Por otra parte, existe una serie de libros sobre las emociones publicada por la Universidad de Oxford, Illinois University Press y Palgrave y una bibliografía sobre el tema actualizada en internet por la Sociedad de la Historia de las Emociones en Australia.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn6">
				<label>6</label>
				<p>Desde esta óptica se considera que el mundo oficial de la política ha abordado tradicionalmente los procesos de comunicación con los individuos -electores- desde una concepción de esos procesos, del mensaje que se transmite y de la propia política que privilegian lo racional, afirmando la necesidad de centrarse en enfoques técnicos y lógicos, y de huir de lo emocional.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn7">
				<label>7</label>
				<p>“Aquí la lógica es que yo tengo sentimientos que se mueven hacia afuera, hacia los objetos o los otros y que incluso pueden retornar a mí” (<xref ref-type="bibr" rid="B15">Denzin, 1984</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B50">Scheff, 1994: 32-33</xref>).</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn8">
				<label>8</label>
				<p>Agradezco a María Teresa Fernández Aceves, quien me ayudó a trazar una ruta para el conocimiento histórico de las emociones y me facilitó el manuscrito “La navegación de las emociones y los sentimientos en el diario íntimo de Concepción Sánchez Aldana Romo de Vivar en Guadalajara, 1908-1939” (<xref ref-type="bibr" rid="B22">en prensa</xref>).</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn9">
				<label>9</label>
				<p>Para el psicoanálisis. la infancia es el periodo de la vida que determina los demás. El autor del libro <italic>Infancia es destino</italic>, <xref ref-type="bibr" rid="B42">Santiago Ramírez (1998)</xref>, hace un análisis sobre la recuperación de los recuerdos, motivo central de los primeros años de la vida.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn10">
				<label>10</label>
				<p>Agradezco a Mayela Alonso Castro, descendiente de Laura, haberme proporcionado este dato visualizado en un mapa de 1885. La casa se ubicaba en la manzana 141; al lado vivía el bisabuelo de Mayela, José María Castro (<xref ref-type="bibr" rid="B40">Portillo, 1910</xref>).</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn11">
				<label>11</label>
				<p>Josefa Mantecón-Pacheco Santibañez tuvo un hermano, José María. La línea de sangre corrió así: José María-Agustín Mantecón Ibáñez-Cayetano Mantecón Avendaño-Aurora Mantecón Figueroa. Agradezco a Maddelyne Uribe haber reconstruido el árbol genealógico de la familia Mantecón.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn12">
				<label>12</label>
				<p>Entrevista con Mayela Castro Mantecón y Helvia Castro Monterde, Ciudad de Oaxaca, 8 de febrero de 2023.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn13">
				<label>13</label>
				<p>Durante los siglos XVI y XVII la soledad no tenía el peso ideológico y psicológico que tiene hoy en día. La soledad quería decir <italic>oneliness</italic>, que era una experiencia menos emocional y psicológica que física. El acto de querer estar solo en comunión con Dios o con la naturaleza se recrudeció en el siglo XVIII; después se apreció la soledad <italic>artística</italic> para escribir, pintar, etcétera (<xref ref-type="bibr" rid="B10">Bound, 2019</xref>).</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn14">
				<label>14</label>
				<p>Entrevista con Morelos Canseco González, Ciudad de México, 17 de octubre de 2018.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn15">
				<label>15</label>
				<p>Bajo mi punto de vista el libro <italic>Reflections on Biography</italic> (<xref ref-type="bibr" rid="B2">Backscheider, 1999: 163</xref>) aporta una serie de claves esenciales para la escritura biográfica. Entre ellas está la de la <italic>poética de la biografía</italic>, que consiste precisamente en la habilidad que debe tener el biógrafo para contar la historia de los conflictos y oportunidades que tiene su biografíado situándolo en su tiempo y espacio y en sus realidades emocionales.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn16">
				<label>16</label>
				<p>Un libro revelador, fascinante -aunque complejo- recomendado por Mayo es <italic>Dreaming by the book</italic> de Elaine Scarry (<xref ref-type="bibr" rid="B48">Scarry, 2001</xref>), profesora de estética en Harvard. En dicha obra la autora explora el proceso creativo de algunos escritores como Gustav Flaubert y Emily Dickinson y nos dice cuáles imágenes escritas con palabras escogidas “al dedillo” involucran al lector que imagina, a través de la lectura, dichas imágenes en vivo y a todo color. Por ejemplo, las flores, el viento y el fuego narradas creativamente por los novelistas y poetas atrapan al lector más que otras.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn17">
				<label>17</label>
				<p>De hecho existía el <italic>modelo hidráulico</italic> apoyado por Huizinga, Febvre, Bloch y Elias y que perdura hasta hoy en día en forma popular. Barbara H. Rosenwein parafrasea la manera metafórica en que se mueven las emociones: el <italic>modelo hidráulico</italic> habla de ellas como si fueran grandes líquidos, agitados y espumosos, dentro de las personas, con la urgencia de salir a flote (<xref ref-type="bibr" rid="B47">Rosenwein, 2002: 28</xref>). Dependiendo de las restricciones sociales y/o individuales las emociones se encuentran en estado de <italic>on</italic> and off, a la expectativa de un <italic>turning point</italic> para surgir.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn18">
				<label>18</label>
				<p>Basándose en la psicología cognitiva, en la antropología y en el lenguaje, Reddy construyó toda una teoría, quizás la más consolidada hasta el momento, sobre las emociones <italic>aplicándola</italic> en una segunda parte de su obra a la inestabilidad del período Jacobino y al análisis del lenguaje emocional de las súplicas y de las disposiciones de ciertos casos en los litigios civiles durante la Restauración y la Monarquía de Julio en Francia (<xref ref-type="bibr" rid="B44">Reddy, 2001</xref>).</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn19">
				<label>19</label>
				<p>Esta es la explicación literal que escribió Reddy sobre la navegación de <italic>emotives</italic>: debido a los efectos impredecibles de los <italic>emotives</italic>, es mejor pensar en ellos permitiendo una especie de navegación, pero un tipo especial de navegación en el cual los cambios pueden alterar las cartas, el tipo de navegación especial en la cual el puerto que buscamos, como resultado, puede cambiar su posición (<xref ref-type="bibr" rid="B44">Reddy, 2001: 322-323</xref>).</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn20">
				<label>20</label>
				<p>Para llegar a ello, de acuerdo con Reddy, debí tener una pista que me permitió medir o identificar el sufrimiento emocional de Laura. Por sufrimiento emocional se entiende tener alguna especie de afección incluyendo sufrimiento físico, que en el fondo no se desea. Entrevista realizada por el historiador de emociones Jan Plamper a William Reddy (<xref ref-type="bibr" rid="B39">Plamper, 2010: 240</xref>).</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn21">
				<label>21</label>
				<p>La dimensión de la emoción escrita o dicha cambia en el tono de la voz, el ritmo cardiaco y expresión facial, todas guiadas por el sentido práctico del <italic>habitus</italic>, (concepto tomado de Pierre Bourdieu que indica que hay complicidad entre los códigos discursivos y los cuerpos sociales) ubicado entre en control deliberado y el hábito inconsciente (<xref ref-type="bibr" rid="B49">Scheer, 2012: 212</xref>).</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn22">
				<label>22</label>
				<p>La histeria era una enfermedad provocada por “una exagerada sensibilidad, lindante con una sexualidad reprimida”. En el siglo XIX estuvo relacionada “con reclamos sobre el trato recibido por sus parejas sentimentales en escenarios públicos”, hecho que las llevó a los hospitales mentales (<xref ref-type="bibr" rid="B31">López Sánchez, 2013: 51-64</xref>).</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn23">
				<label>23</label>
				<p><italic>La Sociedad</italic>, 16 de septiembre de 1860.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn24">
				<label>24</label>
				<p>La entrevista que realizó Jan Plamper a los pilares de la historia de las emociones William M. Reddy, Barbara H. Rosenwein y a Peter N. Stearns es sumamente interesante, pues los autores amplían los conceptos utilizados en sus obras, amén de que difieren en algunos aspectos. Rosenwein, por ejemplo, no está de acuerdo en el término régimen emocional utilizado por Reddy, pues alude que un grupo de normas emocionales es verdadero para todos. Por otra parte, el término refugio emocional se refiere a las normas sentimentales que reinaron en la corte absolutista (<xref ref-type="bibr" rid="B39">Plamper, 2010: 255-256</xref>).</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn25">
				<label>25</label>
				<p>Los regímenes emocionales refuerzan las normas emocionales dominantes y en los “refugios emocionales” los individuos buscan el desprendimiento y la libertad de tales regímenes (<xref ref-type="bibr" rid="B34">Matt y Stearns, 2014</xref>).</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn26">
				<label>26</label>
				<p>McMahon analiza en su artículo “Finding Joy in the History of Emotions” algunos estadios de alegría en la vida de los seres humanos como el “Sattelzeit” durante el siglo XVIII, era que daba importancia a la felicidad y a la alegría (<xref ref-type="bibr" rid="B35">McMahon, 2014: 115</xref>)</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn27">
				<label>27</label>
				<p>Carta de Manuel González Flores a Porfirio Díaz Mori, 28 de diciembre de 1876, (<xref ref-type="bibr" rid="B55">Tamayo, 1970, t. XV: 245-246</xref>).</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn28">
				<label>28</label>
				<p>Fue descubierto por el psiquiatra alemán Karl Ludwig Kahlbaum (<xref ref-type="bibr" rid="B14">Crespo y Pérez, 2005: 251</xref>).</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn29">
				<label>29</label>
				<p>Como era usual, Laura solicitó registrar dicha invención en el Ministerio de Fomento, véase: <italic>El eco social</italic>, 15 de julio de 1894 y <italic>El Tiempo</italic>, 15 de julio de 1894.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn30">
				<label>30</label>
				<p>Reddy explica cómo una comunidad que se extiende más allá de tener contactos cara a cara (con otras), puede tener varios estilos emocionales” (<xref ref-type="bibr" rid="B39">Plamper, 2010: 243</xref>).</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn31">
				<label>31</label>
				<p>Para entender la espacialidad del pasado también hay que conocerla en forma poética, sobre todo para la reconstrucción narrativa. En el hogar, nuestro nido y paraíso material de acuerdo con Gaston Bachelard, podríamos hacer un topoanálisis que sería el estudio psicológico de los parajes de nuestra vida íntima: la casa es reveladora de un estado del alma. En esta obra filosófica el autor invita a utilizar la imaginación para transportarnos al poético y ensoñado recorrido de nuestro nido (<xref ref-type="bibr" rid="B1">Bachelard, 1957</xref>). El libro de Bachelard me ayudó a imaginar los espacios domésticos de Laura Mantecón de otra manera.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn32">
				<label>32</label>
				<p>Rosenwein habla de la agresión como manifestación de la venganza; algunas mujeres han clamado por enojarse en forma agresiva (<xref ref-type="bibr" rid="B47">Rosenwein, 2020: 195</xref>).</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn33">
				<label>33</label>
				<p>Este corresponde al modelo de Kaufman y Kimmel citados en <italic>Hombres, masculinidades, emociones</italic> (<xref ref-type="bibr" rid="B41">Ramírez Rodríguez, 2020: 24</xref>). La masculinidad hegemónica da cuenta de diversos procesos: 1. La posición de hombres vs. Mujeres; 2. Las estructuras de relaciones productivas de poder; 3. Sus efectos en la cultura, en la personalidad y en la corporalidad; 4. La formación de grupos; 5. La generación, dinámica y cuestionamiento del orden establecido; 6. El nivel de análisis (local-regional-global) (<xref ref-type="bibr" rid="B41">Ramírez, 2020: 21</xref>).</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn34">
				<label>34</label>
				<p>De acuerdo con el artículo 116 del Código Civil “las vistas de los pleitos serán públicas, tanto en los juzgados de paz, menores y de primera instancia, como en el Tribunal Superior. Exceptuándose los casos previstos en el art. 255 del Código Civil, y los demás en que a juicio del tribunal o juzgado, convenga sean secretos estos actos por respeto a las buenas costumbres” (<xref ref-type="bibr" rid="B18">Dublán y Lozano, 1886: 334</xref>).</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn35">
				<label>35</label>
				<p>El estudio de las emociones es tan abarcador que existen grupos multidisciplinarios de académicos que estudian algunas emociones en forma separada como el resentimiento, proyecto llevado a cabo en 2010 en el Centro de Ciencias Sociales y Humanas en Madrid en colaboración con el Instituto de Historia de la Medicina y la Salud de la Universidad de Ginebra (<xref ref-type="bibr" rid="B36">Moruno, 2013</xref>).</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn36">
				<label>36</label>
				<p>Recurso de Casación interpuesto por la Sra. Doña Laura M. de González contra la sentencia que pronuncia la 3ª.Sala del Tribunal Superior en el juicio de divorcio seguido contra el Sr. General D. Manuel González, México, 1886. El Recurso de Casación era el último recurso que otorgaba la ley para inconformarse contra la sentencia pronunciada por el Tribunal Superior de Justicia.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn37">
				<label>37</label>
				<p>Archivo Manuel González, en lo sucesivo AMC. En total se encontraron 29 extensos documentos-carta: 39900, 39905, 39925, 18316-18329, 18334-18351, 18375-18391, 18394-18398, 18401-18411.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn38">
				<label>38</label>
				<p>El enojo, la ira, la furia, suele desatar una acción como la venganza: el enojo, como todas las emociones, es un proceso que consiste en una sucesión de sentimientos que involucra sensaciones físicas como taquicardia, respiración agitada y dolor en los músculos. Rosenwein utiliza todas las herramientas históricas, psicológicas y neurocientíficas para analizar el enojo (<xref ref-type="bibr" rid="B47">Rosenwein, 2020: 151</xref>).</p>
			</fn>
		</fn-group>
		<fn-group>
			<fn fn-type="other" id="fn39">
				<label>Mílada Bazant</label>
				<p>Es doctora en Ciencias Sociales por El Colegio de Michoacán. Actualmente se desempeña como investigadora en El Colegio Mexiquense, A.C. Es miembro del SNI, nivel II. Sus líneas de investigación son: Historia de la educación durante el Porfiriato, Biografía e Historias de vida. Entre sus publicaciones más recientes se encuentran, como autora: <italic>Caminos docentes: entre injertos, abonos y venenos. Clemente Antonio Neve, 1829-1905</italic>, Ciudad de México, El Colegio Mexiquense, A.C. (2021); <italic>Laura Méndez de Cuenca (1853-1928), Mexican Feminist</italic>, Arizona, University of Arizona Press (2018); “Retos para escribir una biografía”, <italic>Secuencia</italic>, núm. 100, Ciudad de México, Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora, pp. 53-84 (2018).</p>
			</fn>
		</fn-group>
	</back>
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