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				<journal-title>Korpus 21</journal-title>
				<abbrev-journal-title abbrev-type="publisher">Korpus 21</abbrev-journal-title>
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				<publisher-name>El Colegio Mexiquense A.C.</publisher-name>
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			<article-id pub-id-type="doi">10.22136/korpus212024175</article-id>
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					<subject>Sección temática</subject>
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				<article-title>Retos y placeres en hacer la biografía de <italic>La Güera</italic> Rodríguez</article-title>
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					<trans-title>Pleasures and Problems in Writing the Biography of <italic>La Güera</italic> Rodríguez</trans-title>
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						<surname>Arrom</surname>
						<given-names>Silvia Marina</given-names>
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					<label>1</label>
					<institution content-type="original"> Brandeis University, Estados Unidos. Correo electrónico: arrom@brandeis.edu.</institution>
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				<year>2024</year>
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				<season>Jan-Apr</season>
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			<issue>10</issue>
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					<license-p>Este es un artículo publicado en acceso abierto bajo una licencia Creative Commons</license-p>
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				<title>Resumen</title>
				<p>Este trabajo trata los retos y placeres que enfrentó la autora en escribir la biografía de doña María Ignacia Rodríguez (1778-1850), mejor conocida como La Güera Rodríguez. Explica la metodología que usó para desenredar a la verdadera mujer de los mitos que se han desarrollado sobre ella en los siglos XX y XXI al convertirla en una figura icónica de la historia mexicana. Analiza las virtudes y limitaciones de las fuentes primarias y secundarias relevantes y considera las tentaciones que pueden descarrilar al historiador, como el enamorarse del sujeto y rellenar la narración de su vida con toques ficticios.</p>
			</abstract>
			<trans-abstract xml:lang="en">
				<title>Abstract</title>
				<p>This work discusses the pleasures and problems faced by the author in writing the biography of María Ignacia Rodríguez (1778-1850), better known as la Güera Rodríguez. It explains the methodology used to disentangle the real woman from the myths that became associated with her figure in the 20th and 21st centuries as she was converted into an icon of Mexican history. After analyzing the strengths and weaknesses of the relevant primary and secondary sources, it considers the pitfalls that can tempt the biographer, such as falling in love with her subject and filling the gaps in her story with fiction.</p>
			</trans-abstract>
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				<title>Palabras clave:</title>
				<kwd>Biografía</kwd>
				<kwd>Metodología Histórica</kwd>
				<kwd>Mujeres y Género</kwd>
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				<title>Keywords:</title>
				<kwd>Biography</kwd>
				<kwd>Historical Methodology</kwd>
				<kwd>Women and Gender</kwd>
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		<sec sec-type="intro">
			<title>Introducción</title>
			<p>Ha sido un placer escribir la biografía de doña María Ignacia Rodríguez de Velasco (1778-1850), publicada en mi libro <italic>La Güera Rodríguez: Mito y mujer</italic> (<xref ref-type="bibr" rid="B2">2020</xref>). Ante todo, he podido satisfacer mi curiosidad sobre esta figura icónica de la historia mexicana. Mi interés se despertó hace unos 50 años cuando leí las descripciones amenas que hizo Fanny Calderón de la Barca de su amiga en <italic>La Vida en México</italic>, el relato de su estancia en la Ciudad de México durante 1840 y 1841. Poco después leí el divertido libro de Artemio de Valle-Arizpe, simplemente titulado con su apodo, <italic>La Güera Rodríguez</italic>, que un siglo más tarde la presentaba como una destacada heroína del movimiento de independencia y además como una mujer rebelde y promiscua que desafió las normas de la época en busca de su felicidad personal y de la libertad de su patria.<xref ref-type="fn" rid="fn1"><sup>1</sup></xref> Por muchas décadas me quedé con la pregunta en mente de cuánto de eso sería verdad y cuánto ficción, dado que Fanny -quien la conocía íntimamente - no mencionaba nada parecido y, al contrario, la había pintado como una dama aristocrática muy simpática y hermosa pero también sumamente respetable.</p>
			<p>De hecho, algunos de los cuentos sensacionales de Valle-Arizpe, sobre todo sobre sus supuestos amoríos con una serie de hombres famosos, me parecían inverosímiles. Por lo tanto, me ha dado gran satisfacción poder determinar que la mayoría no son verídicos, sino fantasías inventadas por el buen literato en su exitoso libro de 1949 y posteriormente reiteradas y modificadas hasta que, en el siglo XXI, algunos textos populares llegaron al grado absurdo de representarla como la “Madre de la Patria” (<xref ref-type="bibr" rid="B16">Garci, 2011</xref>) y “una de las 10 prostitutas más famosas de la historia” (<xref ref-type="bibr" rid="B10">Dávila, 2013</xref>).</p>
			<p>También ha sido un placer reclamar a la verdadera <italic>Güera</italic> Rodríguez para la historia de las mujeres latinoamericanas. Al acercarnos a la mujer de carne y hueso que vivió hace unos dos siglos, este estudio llena un gran vacío en la historiografía porque tenemos muy pocas biografías de mujeres mexicanas y todavía menos para finales del siglo XVIII y principios del XIX.<xref ref-type="fn" rid="fn2"><sup>2</sup></xref> Por los transcendentales acontecimientos políticos del período, las pocas biografías que existen son del tipo que glorifican (o, en algunos casos, vilifican) a los grandes hombres y a algunas heroínas (<xref ref-type="bibr" rid="B14">Fowler, 2018</xref>). Solamente una, Leona Vicario, ha sido tema de libros completos.<xref ref-type="fn" rid="fn3"><sup>3</sup></xref>
			</p>
			<p>A pesar de mi interés en la historia de la mujer, yo no pudiera haber escrito esta biografía hace 50 años cuando empecé mi carrera de historiadora, porque los que hacíamos historia social en esa época no estudiábamos individuos sino grupos de personas, casi siempre de clase baja y nunca figuras de la élite como <italic>La Güera</italic> Rodríguez. Además, el género de la biografía estaba muy desprestigiado entre los historiadores profesionales de esa época. Por lo tanto, este proyecto tuvo que esperar al auge de la “nueva biografía” a principios del siglo XX. La nueva ola de biografías ya no elegía al gran hombre sino a personas menos famosas. Se investigaba su vida privada y no solamente sus hazañas públicas. Y aun cuando el sujeto era conocido, ya no se presentaba como una figura ejemplar que funcionara como modelo de perfección para ser emulado por futuras generaciones, sino que se presentaba con todos sus defectos, una persona cuya vida nos ayudara a entender las experiencias de vivir en su época histórica. Y, al coincidir con el surgimiento del movimiento feminista, muchas de estas biografías eran de mujeres.<xref ref-type="fn" rid="fn4"><sup>4</sup></xref> Esta vertiente historiográfica fue mi inspiración para atreverme a hacer la biografía de doña María Ignacia Rodríguez.</p>
			<p>Como tantas biografías de mujeres, ésta contribuye a entender temas que pocas veces aparecen en estudios históricos, como la cotidianidad y el género (<xref ref-type="bibr" rid="B9">Chassen-López, 2018</xref>). Es verdad que en algunos aspectos <italic>La Güera</italic> fue excepcional, porque según los que la conocieron sobresalía por su belleza, inteligencia y personalidad vivaz (<xref ref-type="bibr" rid="B7">Calderón de la Barca, 1966: 141-143</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B6">Bustamante, 2003, 4/09/1846</xref>; y <xref ref-type="bibr" rid="B13">Fossey, 1857: 282</xref>). Pero en muchos aspectos fue una mujer bastante típica de la alta sociedad criolla de la Ciudad de México en su tiempo, y no hay ninguna evidencia de que transgrediera las normas del deber ser femenino. Sus experiencias más bien ayudan a cuestionar estereotipos sobre la mujer y el género. Su vida ilumina las restricciones que enfrentaban las mujeres de su círculo social, pero también sus oportunidades. Por ejemplo, al ver la puesta en práctica de las leyes, confirma que las mujeres tenían muchos más derechos de lo que se ha pensado. Muestra cómo ella usó su conocimiento de las leyes y sus extensas redes sociales para defenderse en varios pleitos y para encarrilar a los hijos con mucho éxito. Indica que las esferas privada y pública no estaban rígidamente separadas, porque ella siempre se interesó en asuntos cívicos y participó en ellos sin dejar el mundo doméstico (<xref ref-type="bibr" rid="B1">Arrom, 2024</xref>). Y revela un ser humano con emociones, problemas y también logros y satisfacciones.</p>
			<p>Otro beneficio de enfocarse en su vida es que, como tantas obras de microhistoria, ofrece nuevas perspectivas sobre los grandes procesos históricos. En su caso revela cómo la lucha por la independencia afectó a una persona en particular. Las narrativas patrióticas suelen glorificar y simplificar el camino a la independencia, pero la biografía de doña María Ignacia Rodríguez complica esos relatos. Aunque nos gusta pensar que todos los <italic>buenos</italic> de la historia quisieron la independencia desde 1810 y la apoyaron consistentemente hasta 1821, esa no fue su trayectoria. Para ella fue una época de incertidumbres en que el mejor curso de acción no quedaba claro. Parece que en 1808, cuando se desató la crisis política, ella fue partidaria del proyecto criollo de auto-gobierno provisional de la Nueva España propuesto por sus parientes y amigos en el Ayuntamiento. En 1809 jugó un papel central en una intriga en contra del oidor Guillermo de Aguirre, quien había liderado el golpe que puso fin a ese proyecto, y fue brevemente desterrada a Querétaro. Al regresar a la Ciudad de México, siendo una viuda con cinco hijos, tuvo mucho cuidado de no hacer nada que pudiera resultar en otro castigo. Nunca se pronunció abiertamente por la independencia. Más bien parece que, por lo menos para 1811, veía como enemigos a los rebeldes que habían tomado sus haciendas en Guanajuato, privándole de su principal fuente de ingresos. Si bien les mandó algún dinero y provisiones, lo hizo porque se lo exigían para proteger sus fincas. Por lo tanto, sus acciones no siempre fueron inspiradas por convicciones ideológicas sino por la necesidad práctica de preservar su patrimonio. Ella siempre intentó quedar bien con todos, y a la vez que tuvo contacto con algunos insurgentes también mantuvo relaciones cercanas tanto con amigos y parientes realistas como con los que seguían apoyando la posición de autonomía dentro de la Gran España. Aparentemente no se decidió por la separación total de México hasta el último momento. Pero sus aprietos financieros no terminaron con el fin de la guerra: aunque pudo recobrar sus haciendas, estaban en la ruina y su valor siguió disminuyendo por la recesión de las primeras décadas republicanas. Así que, aunque pertenecía a una clase privilegiada, <italic>La Güera</italic> experimentó graves vicisitudes económicas a causa de la guerra. Para ella -y seguramente para muchos otros- el camino hasta llegar a apoyar la independencia fue lento y lleno de tropiezos, y los años de lucha trajeron angustias y sufrimientos (<xref ref-type="bibr" rid="B2">Arrom, 2020: 44-48, 58-60, 62-67 y cap. 3</xref>). </p>
			<p>De esta forma, el ver cómo doña María Ignacia Rodríguez vivió el proceso revolucionario nos lleva a cuestionar algunos aspectos de la historia oficial mexicana. Como dice Will Fowler en su llamado a que los historiadores mexicanos hagan biografías, este género “tiene el potencial para ofrecer una visión holística del pasado”, una “historia total” que reúne la historia política, social, económica, jurídica, diplomática, militar y cultural (<xref ref-type="bibr" rid="B14">Fowler, 2018</xref>). Y para mí, como siempre me había concentrado en la historia social, el escribir esta biografía me expandió los horizontes porque profundizó mi comprensión de la historia política y económica.</p>
		</sec>
		<sec sec-type="supplementary-material">
			<title>Las fuentes primarias</title>
			<p>Pude reconstruir la vida de <italic>La Güera</italic> Rodríguez porque ella dejó un amplio rastro documental, pero la tarea no fue fácil. Lo más lamentable es que no encontré sus papeles personales que me hubieran facilitado indagar sus pensamientos íntimos. Además, como ella nunca fue juzgada por insurgente, no existe un juicio en que claramente explicara sus ideas políticas. Y, por supuesto, como no fue escritora tampoco tenemos una autobiografía ni un corpus literario para analizar. Por lo tanto, las fuentes existentes ignoran algunos aspectos de sus experiencias. Este problema es bastante común para la historia de la mujer, como también para la historia de los hombres que no fueron figuras famosas, porque los retos de hacer una biografía no son distintos si se escribe sobre una mujer o un varón que fuera una persona hasta ahora olvidada. Lo que determina la dificultad es el tipo de documentación que cada uno pudiera haber dejado y no su género.</p>
			<p>Afortunadamente algunos de los contemporáneos de <italic>La Güera</italic> la mencionaron en sus obras y ella aparece en numerosos registros públicos como los protocolos notariales, juicios civiles y eclesiásticos, peticiones a las autoridades, padrones y actas parroquiales.<xref ref-type="fn" rid="fn5"><sup>5</sup></xref> Aunque esta información es abundante, también es fragmentada. Las fuentes ofrecen mucha información para algunos años y ninguna para otros. Casi todos los documentos están filtrados por abogados o escribanos y adaptados a algún fin particular. Suelen ser secos y formulaicos. Privilegian a los actores masculinos y apenas se vislumbran sus redes de apoyo femeninos. Además, como los documentos solamente manifiestan lo que sus creadores quisieron poner por escrito, seguramente hay secretos que nunca estarán al alcance del historiador. Inevitablemente le faltan muchas piezas al rompecabezas que he podido armar.</p>
			<p>A pesar de estas limitaciones, al examinar tantas fuentes dispersas en muchos archivos, emerge un cuadro fascinante de la vida de doña María Ignacia Rodríguez. El proceso de rastrearlo ha sido a veces frustrante pero a veces también con momentos de regocijo cuando, como un detective, me topaba con pistas inesperadas. Aprendí que si uno tiene la paciencia de leer largos legajos con hojas a veces carcomidas y en tinta borrosa, puede encontrar datos sorprendentes.</p>
			<p>Los expedientes judiciales son los documentos más ricos, y tenemos varios porque la sociedad decimonónica era muy pleitista. El voluminoso juicio de divorcio eclesiástico que ella siguió con su primer marido en 1802 es una fuente extraordinaria, llena de detalles del matrimonio, de sus redes sociales y de la vida diaria. Muestra cómo ella bregó con un hombre celoso y violento que en una ocasión hasta intentó matarla, y cómo consiguió la protección del virrey, sus padres y dos tíos influyentes. Revela que la sociedad de la época no le daba a un marido poder ilimitado sobre la esposa, pero también sugiere que las presiones sociales para aguantar el maltrato eran poderosas (o posiblemente fue el poder del amor): después de una separación de aproximadamente un año la pareja se reunió y tuvo otro hijo.<xref ref-type="fn" rid="fn6"><sup>6</sup></xref><italic>La Güera</italic> solamente se liberó del primer matrimonio después de 11 años porque enviudó, a los 26 años, en 1805. Y no fue la única vez que sepultó a un marido. El segundo marido murió seis meses después del casamiento, en 1807, dejándola embarazada con su séptimo y último hijo.</p>
			<p>Durante su segunda viudez, que duró 18 años, <italic>La Güera</italic> estuvo involucrada en pleitos sobre dinero con una hermana, los hermanos de su segundo marido y un comerciante que le había vendido veintidós docenas de finas medias inglesas, que ella probablemente compró al por mayor para vender al por menor cuando pasaba por una época de penurias. Aunque estos autos al principio parecían aburridos, también contienen una que otra joya para el historiador.</p>
			<p>Por ejemplo, la demanda que le puso el comerciante por 1200 pesos en 1816 lleva dentro tres cartas que ella le había enviado en 1811 y 1812 -de las pocas que he encontrado escritas por su propio puño y letra sin la ayuda de un abogado-. Estas misivas no solamente muestran su buena educación, porque estaban bien escritas, sino que incluyen fascinantes muestras de su voz. Por ejemplo, al explicar por qué no podía pagar la deuda, <italic>La Güera</italic> culpa a los “enemigos” (insurgentes) que habían tomado sus haciendas en Tierra Adentro y añade que le había pedido al virrey que mandara tropa para desalojarlos. También revelan cómo ella manipuló los estereotipos de género para conseguir sus metas. Se presenta como “una mujer sola como soy yo, sin padre, sin marido, sin hermano ni nadie que mire por mi debajo del cielo” y reprocha al comerciante por molestarla, recordándole que “Vd. es hombre y tendrá otros caminos”. Se puede ver que ella usa la retórica de la inferioridad femenina como estrategia para evitar sus obligaciones y para ganarse la protección de hombres poderosos, lo que consiguió al fin cuando los jueces de la Audiencia cancelaron su deuda.<xref ref-type="fn" rid="fn7"><sup>7</sup></xref>
			</p>
			<p>Otros ejemplos del tipo de información que se puede encontrar en las causas judiciales vienen del amargo pleito que siguió con su hermana Josefa desde 1816 hasta 1818. En primer lugar, ilumina la gran pelea entre las dos damas. El litigio se centra en una disputa sobre el pago del alquiler de una elegante casa que <italic>La Güera</italic> había arrendado de su hermana en 1811. Josefa insistía en que su hermana tenía que pagarle 4000 pesos por la renta que supuestamente debía aún después de que se había terminado el contrato del alquiler, aunque al final tuvo que contentarse con un pago de 1000 pesos. Mientras tanto, Josefa amenazó a su hermana con mandar a embargar sus muebles. <italic>La Güera</italic> mostró su enojo cuando proclamó que su hermana sólo quería “desahogar […] su capricho” y ponerla “a la vergüenza de que se le rematen”. También podemos vislumbrar atisbos de su personalidad altiva cuando aseguró “que para pagar esta ratera cantidad tengo alhajas de bastante valor”. Y se puede ver que los rencores iban mucho más allá del dinero que la hermana exigía. Cuando <italic>La Güera</italic> no respondió a una notificación legal porque se estaba muriendo su hija Guadalupe de 15 años, Josefa hasta la acusó de exagerar la gravedad de la enfermedad, un golpe bajo a una madre cuya hija en efecto fallecería a la semana, el 24 de julio de 1816, después de padecer una larga enfermedad crónica. Los autos mencionan lo “trastornada” que estuvo <italic>La Güera</italic> en esa época por el “asalto y congoja con que en aquel momento me hallaba de estar gravemente accidentada, y casi en artículo de muerte, mi hija”.<xref ref-type="fn" rid="fn8"><sup>8</sup></xref> Esta referencia, escondida dentro de la larga causa judicial, es la única que encontré en la documentación de su vida que arrojara luz sobre sus emociones al confrontar la muerte de sus seres queridos, en este caso de la tercera de sus hijos que murió antes de llegar a la edad adulta. </p>
			<p>No tenemos documentos comparables para las décadas posteriores, pero felizmente aparecen nuevas fuentes como los relatos de viajeros y el diario de Carlos María de Bustamante, amigo de <italic>La Güera</italic> y sobre todo de su hija Josefa, la condesa de Regla. Éstos describen el inmenso <italic>joie de vivre</italic> de una mujer a quien le encantaban las tertulias, los bailes, las visitas y el teatro, conocida por sus cuentos divertidos y dichos ingeniosos, y que fue una presencia notable en los actos cívicos y religiosos de la capital mexicana (<xref ref-type="bibr" rid="B7">Calderón de la Barca, 1966</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B6">Bustamante, 2001 y 2003</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B13">Fossey, 1857</xref>). Las numerosas horas que pasé revisando los periódicos de la época no rindieron mucho fruto: solamente la encontré en un aviso de 1846 como una de las señoras que organizaban un concierto para recaudar fondos para ayudar a los soldados heridos en la guerra con los Estados Unidos (<xref ref-type="bibr" rid="B12"><italic>El Monitor Republicano</italic>, 1846</xref>). No obstante, ese silencio en los periódicos confirma que <italic>La Güera</italic> no era un personaje público.</p>
			<p>Donde sí dejó numerosas huellas fue en los registros notariales. Al detallar sus transacciones económicas éstos muestran cómo sobrellevó penurias con determinación, y revelan que ella no era tan rica como se ha pensado. Sus testamentos son particularmente valiosos: éstos no solamente ofrecen pormenores de su familia, propiedades y deudas, sino que a veces incluyen lo que parecen ser sus propias palabras, como cuando en 1850 alabó “la religiosidad y suma honradez” de su tercer marido y le acreditó el haber arreglado “el desorden en que se hallaban mis papeles”.<xref ref-type="fn" rid="fn9"><sup>9</sup></xref>
			</p>
			<p>Las discrepancias entre ciertos registros públicos también contienen una importante advertencia para el historiador. En 1825, cuando <italic>La Güera</italic> se casó por tercera vez, fue con un distinguido señor chileno 12 años menor que ella, don Juan Manuel de Elizalde. Parece que en esta sociedad no era bien visto que una mujer se casara con un hombre tanto más joven, y para tratar de aminorar la diferencia entre sus edades, ella declaró en el acta matrimonial que tenía 42 años en vez de sus verdaderos 46. Esto no parece haber sido un error de transcripción, porque mantuvo -y amplificó- esta ficción en documentos posteriores: en el padrón municipal de 1842 se quitó 5 años, y en el padrón de 1848 se registra como dos años menor que el esposo, de modo que se había quitado 14 años.<xref ref-type="fn" rid="fn10"><sup>10</sup></xref> Estas distorsiones deliberadas nos recuerdan que hasta las fuentes primarias pueden mentir. El reto para el investigador es mantener una cierta desconfianza y corroborar los datos en varias fuentes cuando sea posible.</p>
		</sec>
		<sec sec-type="supplementary-material">
			<title>Las fuentes secundarias</title>
			<p>Si las fuentes primarias dejan mucho que desear, las fuentes secundarias escritas mucho después de su muerte son todavía más problemáticas. El reto principal es que contienen numerosos errores. De hecho, al convertir a <italic>La Güera</italic> en una figura icónica de la historia mexicana, se han desarrollado tantos mitos que es difícil desenredar a la mujer de la leyenda. Por lo tanto, mi metodología ha tenido que tomarlos en cuenta, lo que hice en la segunda parte del libro. No era suficiente simplemente narrar lo que pude averiguar sobre su vida, sino que tuve que pelearme con los mitos. A veces éstos querían distorsionar mi interpretación de los documentos primarios. Debemos reconocer que el historiador no es una tabula rasa, y es difícil olvidar lo que se ha leído en otros textos. Así que tuve que resistir el impulso de llenar algunas lagunas en su historia con datos de las fuentes secundarias en mi intento de crear una narrativa completa. </p>
			<p>Además, he tenido que confrontar los mitos directamente en la biografía porque si no lo hacía, los cuentos tan conocidos podían colorear la manera en que el lector recibiría mi texto y finalmente los seguiría creyendo porque son tan atractivos. Después de todo, ¿quién no quiere creer, como se ha llegado a decir, que hace dos siglos en México vivió la mujer más bella de las Américas; una mujer tan sexualmente liberada que fue amante de Simón Bolívar, Alexander von Humboldt y Agustín de Iturbide; tan autónoma que dejó a su primer marido abusivo; y tan inteligente e ingeniosa que fue el proverbial poder detrás del trono, y la que le dio al desaventurado Iturbide la idea del Plan de Iguala y lo convenció para que cambiara de bando e hiciera la independencia? Así que esta biografía no pudo solamente empezar con el nacimiento del sujeto y terminar con su muerte, sino que tuvo que analizar esas fábulas de manera sistemática.</p>
			<p>Los mitos también me señalaron una metodología de investigación. He procedido desde adelante para atrás, usando lo que se ha dicho en las obras históricas, literarias y artísticas de los siglos XX y XXI para crear una serie de hipótesis para probar. De modo que mi método ha sido no creer nada y tratar de verificarlo todo, desde los detalles más insignificantes hasta los cuentos más grandiosos. El primer paso fue ver si se podían corroborar con las fuentes de la época. El segundo paso fue averiguar en qué se apoyaba cada autor para sus afirmaciones. Con este fin puse en orden cronológico todo lo que se había publicado sobre ella para ver lo que cada autor pudiera haber leído en cada momento y lo que añadió por primera vez, a veces basándose en documentos nuevamente dados a luz, pero más a menudo sin base documental alguna.</p>
			<p>Este método me dio la clave para entender el libro de Artemio de Valle-Arizpe, cuya maravillosa obra <italic>La Güera Rodríguez</italic> la catapultó a la fama e introdujo la mayoría de los datos falsos y cuentos apócrifos que formaron la base de los mitos que se han seguido repitiendo hasta hoy en día. Descubrí que antes de la aparición de ese libro, se había publicado muy poco sobre ella. Aunque algunos de sus contemporáneos la mencionaron brevemente, ella desapareció de las letras mexicanas después de su muerte en 1850. Su reaparición comenzó lentamente a principios del siglo XX en textos eruditos que llegaban a un público limitado, como en dos páginas de las largas <italic>Memorias de mis tiempos</italic> de <xref ref-type="bibr" rid="B24">Guillermo Prieto (1906, vol. 1: 237; y vol. 2: 318)</xref> y algunas menciones en tres libros escritos por su tataranieto, Manuel Romero de Terreros, sobre sus distinguidos antepasados (<xref ref-type="bibr" rid="B27">1909: 85</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B26">1919: 224-236</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B25">1921: 5-10</xref>). </p>
			<p>A cien años de su muerte doña María Ignacia Rodríguez todavía no era una celebridad ni se le consideraba una mujer transgresiva o importante heroína nacional. Esto cambió con <italic>La Güera Rodríguez</italic> de Valle-Arizpe. La obra fue una sensación inmediata, fue reimpresa muchas veces, y todavía se lee en una edición de <xref ref-type="bibr" rid="B29">2011</xref> (la décima edición) que agrega el subtítulo <italic>relatos reales del sorprendente y divertido personaje de la historia de México</italic>.</p>
			<p>Muchos lectores han supuesto que el libro es una auténtica biografía porque tiene una
				bibliografía, notas al pie de página ocasionales, y largas citas de algunas fuentes
				originales. Al revisar todo lo que Valle-Arizpe citaba -y además leer todo lo que se
				había publicado hasta la fecha por si acaso él se hubiera olvidado de incluir algún
				texto- pude identificar cuáles datos eran tomados de fuentes fidedignas, cuáles eran
				exageraciones o, a veces, tergiversaciones de lo que había leído, y cuáles eran
				totalmente inventadas. Por dar dos ejemplos: Pude ver que el capítulo sobre su
				relación ilícita con Humboldt solamente se basaba en lo que <italic>La
					Güera</italic> le había contado a su amiga Fanny el primero de febrero de 1840
				en que se jactaba de haber conocido al gran hombre, pero sin insinuar que su
				relación iba más allá de la amistad. El resto fue producto de la fértil imaginación
				de Valle-Arizpe. También encontré errores en su presentación del juicio de divorcio
				eclesiástico, porque si bien el autor había encontrado los autos en el Archivo
				General de la Nación, confiesa que no terminó de revisar el “voluminoso mamotreto”
				de papeles porque “ya no me quise desojar leyéndolos” (<xref ref-type="bibr"
					rid="B30">Valle-Arizpe, 1960: 97 y 99</xref>). Con esta metodología de
					<italic>fact checking</italic> pude constatar que, a pesar de incluir algunos
				datos verídicos, su libro es una novela histórica porque contiene una fuerte dosis
				de ficción. Por consiguiente se debe considerar como una de las muchas obras de
				ficción escritas por el prolífico autor -la única que llegó a ser un
					<italic>bestseller</italic>- y no una de las docenas de relatos históricos que
				le ganaron el nombramiento de Cronista de la Ciudad de México (<xref ref-type="bibr"
					rid="B11">Editorial Porrúa, 1964: 1530</xref>).</p>
			<p>Otro método que utilicé para entender las discrepancias entre las representaciones modernas de <italic>La Güera</italic> Rodríguez y su verdadera historia era analizar por qué las distintas interpretaciones de su figura. En el caso de Valle-Arizpe se puede ver que él la usó como personaje central para contar la complicada historia de la independencia de manera entretenida y de este modo educar a un público general y crear orgullo patriótico. Al comparar su versión de <italic>La Güera</italic> con las de otras autores y situarlas en su contexto histórico e ideológico, pude ver cómo reflejaban los valores y objetivos de cada narrador. En el curso del siglo XX ella se transformó desde una Intachable Dama Aristocrática a una Patriota Atrevida pero Finalmente Domada por un Hombre hasta convertirse en una Mujer Sabia y Heroína Completamente Liberada. Cada versión de <italic>La Güera</italic> concordaba con la meta del autor, por ejemplo: el alabar a su familia, como hizo su descendiente Manuel Romero de Terreros; fortalecer el nacionalismo, que fue el proyecto vitalicio de Artemio de Valle-Arizpe; o acrecentar el panteón de mujeres que habían contribuido a la historia, como en la película <italic>La Güera Rodríguez</italic> de Felipe Cazals y en las crónicas y blogs del siglo XXI (ver, por ejemplo, <xref ref-type="bibr" rid="B26">Romero de Terreros, 1919</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B30">Valle-Arizpe, 1960</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B20"><italic>La Güera Rodríguez</italic>, 1977</xref>; y <xref ref-type="bibr" rid="B15">Galeana, 2012: 67, 75</xref>). </p>
			<p>Cada autor enfatizaba distintos aspectos de su vida y escogía -o inventaba- los detalles que podían sostener sus creaciones, siempre guiados por los paradigmas reinantes de género. Al convertirla en un arquetipo, sea de la Rebelde Libertina, Heroína Intrépida, o Feminista Antes de su Tiempo, se perdió la complejidad de las experiencias de la mujer que vivió hace unos dos siglos. Ella terminó siendo La Rubia que Todos Quieren y los “datos” solamente estuvieron al servicio de construir el personaje que cada narrador hubiera querido que viviera en el pasado. Por lo tanto, las representaciones modernas no son para nada confiables.</p>
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		<sec sec-type="conclusions">
			<title>Conclusión. Las tentaciones</title>
			<p>Otros retos no son producto de las limitaciones de las fuentes sino un riesgo que enfrentan todos los que escriben biografías. Uno es el de enamorarse tanto del sujeto que omite o minimiza los detalles bochornosos de su vida (<xref ref-type="bibr" rid="B21">Lepore, 2001</xref>). El idealizar al sujeto no solamente ocurre en las historias que elogian a los grandes héroes, sino también en las que estudian a figuras menos famosas que -como todos los seres humanos- son imperfectas y a veces llenas de contradicciones. La mayor parte del tiempo sus faltas se borran inconscientemente, porque para crear una narrativa coherente se tienen que seleccionar los datos más relevantes. Todo historiador elige los detalles que le parecen más importantes según su propósito en reconstruir la historia de una persona, y difícilmente evita el ser influido por el afecto a su sujeto, afecto hasta cierto punto necesario para animar la ardua tarea de investigación.</p>
			<p>Yo siempre tuve que pelearme con esa tendencia, porque mi propósito en estudiar a <italic>La Güera</italic> Rodríguez no fue el de presentar un modelo a seguir, como en las biografías de antaño, sino de entender los roles y las experiencias reales de una mujer -con todos sus defectos y virtudes- para enriquecer nuestro conocimiento de la historia de la época. Hubiera sido fácil encubrir cierta deshonestidad y falta de consideración por otros, como cuando ella se valió de sus conexiones con los jueces de la Audiencia para librarse de pagar una deuda legítima; o cuando, en un intento de lidiar con sus problemas financieros, dejó de pagar los salarios de los empleados en su distante hacienda de San Isidro mientras que hacía todo lo posible por mantener el estilo de vida a que estaba acostumbrada. Pero posiblemente no le di bastante énfasis a esos detalles e incluso ahora quiero defenderla, clarificando que ella siempre estuvo al corriente con los empleados de sus propiedades más cercanas y que cuando vendió la hacienda de Tierra Adentro fue con la condición de que los nuevos dueños pagaran a los trabajadores los ocho años de sueldos atrasados (<xref ref-type="bibr" rid="B2">Arrom, 2020: 95</xref>). Por lo tanto, a pesar de mis intentos de mantener la objetividad, parece que no he podido desprenderme totalmente de mi simpatía por este personaje.</p>
			<p>Una trampa relacionada es pensar que uno conoce tan bien al sujeto que se atreve a añadir toques ficticios para agilizar la lectura. Esta técnica es tema de muchas controversias entre los historiadores, porque algunos piensan que las biografías no solamente se deben poder leer como si fueran novelas, sino que deben ahondar en los pensamientos íntimos del personaje. Pero como señala <xref ref-type="bibr" rid="B4">Mílada Bazant (2018)</xref>, una cosa es emplear una estructura y estilo literario y otra es inventar lo que no aparece en los documentos. Después de ver cómo la imaginación ha sido fuente de tantos errores en las obras que pretenden contar la historia de <italic>La Güera</italic> Rodríguez, me he esforzado por evitar el impulso de hacer lo mismo. Por ejemplo, pudiera haber terminado el relato contando que en sus últimos momentos, paralizada en cama (lo que sí se puede documentar con su acta de defunción), ella repasaba los eventos más importantes de su vida, lo que me hubiera permitido resumirlos en una bonita conclusión. Pero, aunque ese cuento es plausible, sería peligroso incluirlo porque da la impresión de que ella era una persona sentimental, cuando es posible que, al contrario, era una mujer tan práctica que solamente estuviera pensando en lo que iba pedir a la cocinera que preparara para el próximo día, que sería el Día de los Muertos de 1850. Por lo tanto, aun un invento tan pequeño podría dar una impresión equivocada de su personalidad.</p>
			<p>Tampoco es necesario, porque su vida fue tan interesante que no había que adornarla con detalles ficticios. Tuvo momentos dramáticos, trágicos y divertidos, e incluso los pormenores más banales se pueden contar de manera amena. De hecho, uno de los placeres de escribir una biografía es que se presta a ser narrada en un lenguaje sencillo y que puede interesar a un público más amplio del que jamás hubiera leído mis densos textos monográficos. A través de sus experiencias podemos esclarecer muchos aspectos de la historia de las mujeres y de la época sin aburrir al lector. Por lo tanto, un regalo que me hizo doña María Ignacia Rodríguez es salvarme de la pedantería.</p>
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					</comment>&gt;, 8 de noviembre de 2023.</mixed-citation>
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				<mixed-citation>Nasaw, David (2009), “Historians and Biography”, <italic>American Historical Review</italic>, 114 (3), Oxford, Oxford University Press, pp. 573-630.</mixed-citation>
				<element-citation publication-type="journal">
					<person-group person-group-type="author">
						<name>
							<surname>Nasaw</surname>
							<given-names>David</given-names>
						</name>
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					<year>2009</year>
					<article-title>Historians and Biography</article-title>
					<source>American Historical Review</source>
					<volume>114</volume>
					<issue>3</issue>
					<publisher-loc>Oxford</publisher-loc>
					<publisher-name>Oxford University Press</publisher-name>
					<fpage>573</fpage>
					<lpage>630</lpage>
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			<ref id="B24">
				<mixed-citation>Prieto, Guillermo (1906), <italic>Memorias de mis tiempos (1828-1853)</italic>, 2 vols. Ciudad de México, Vda. de G. Bouret.</mixed-citation>
				<element-citation publication-type="book">
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							<surname>Prieto</surname>
							<given-names>Guillermo</given-names>
						</name>
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					<year>1906</year>
					<source>Memorias de mis tiempos (1828-1853)</source>
					<volume>2</volume>
					<publisher-loc>Ciudad de México</publisher-loc>
					<publisher-name>Vda. de G. Bouret</publisher-name>
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			<ref id="B25">
				<mixed-citation>Romero de Terreros, Manuel (1921), <italic>La Corte de Agustín I: Emperador de México</italic>, Ciudad de México, Museo Nacional de Arqueología y Etnología.</mixed-citation>
				<element-citation publication-type="book">
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							<surname>Romero de Terreros</surname>
							<given-names>Manuel</given-names>
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					<year>1921</year>
					<source>La Corte de Agustín I: Emperador de México</source>
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					<publisher-name>Museo Nacional de Arqueología y Etnología</publisher-name>
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				<mixed-citation>Romero de Terreros, Manuel (1919), <italic>Ex-Antiquis: Bocetos de la vida social en la Nueva España</italic>, Guadalajara, Jaime.</mixed-citation>
				<element-citation publication-type="book">
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					<year>1919</year>
					<source>Ex-Antiquis: Bocetos de la vida social en la Nueva España</source>
					<publisher-loc>Guadalajara</publisher-loc>
					<publisher-name>Jaime</publisher-name>
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				<mixed-citation>Romero de Terreros, Manuel (1909), <italic>Los Condes de Regla: Apuntes biográficos</italic>, Ciudad de México, M. León Sánchez.</mixed-citation>
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					<year>1909</year>
					<source>Los Condes de Regla: Apuntes biográficos</source>
					<publisher-loc>Ciudad de México</publisher-loc>
					<publisher-name>M. León Sánchez</publisher-name>
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				<mixed-citation>Staples, Anne (2020), <italic>¿Dónde estás? ¿Qué haces, Leona Vicari</italic>o?, Ciudad de México, El Colegio de México.</mixed-citation>
				<element-citation publication-type="book">
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					<year>2020</year>
					<source>¿Dónde estás? ¿Qué haces, Leona Vicario?</source>
					<publisher-loc>Ciudad de México</publisher-loc>
					<publisher-name>El Colegio de México</publisher-name>
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				<mixed-citation>Valle-Arizpe, Artemio de (2011), <italic>La Güera Rodríguez: Relatos reales del sorprendente y divertido personaje de la historia de México</italic>, Ciudad de México, Lectorum.</mixed-citation>
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					<year>2011</year>
					<source>La Güera Rodríguez: Relatos reales del sorprendente y divertido personaje de la historia de México</source>
					<publisher-loc>Ciudad de México</publisher-loc>
					<publisher-name>Lectorum</publisher-name>
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			<ref id="B30">
				<mixed-citation>Valle-Arizpe, Artemio de (1960), <italic>La Güera Rodríguez</italic>, Ciudad de México, Porrúa.</mixed-citation>
				<element-citation publication-type="book">
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							<surname>Valle-Arizpe</surname>
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					<year>1960</year>
					<source>La Güera Rodríguez</source>
					<publisher-loc>Ciudad de México</publisher-loc>
					<publisher-name>Porrúa</publisher-name>
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		</ref-list>
		<fn-group>
			<fn fn-type="other" id="fn1">
				<label>1</label>
				<p> El libro de Calderón de la Barca se publicó por primera vez en 1843; yo usé le edición expandida y anotada de 1966. El libro de Valle-Arizpe se publicó en 1949 y se imprimió con algunas revisiones por lo menos 10 veces más. Yo usé la novena edición de 1960.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn2">
				<label>2</label>
				<p>La situación mejora para la segunda mitad del siglo XIX. Dos excelentes biografías de mujeres mexicanas son Bazant sobre Laura Méndez de Cuenca (<xref ref-type="bibr" rid="B5">2013</xref>) y Chassen-López sobre Juana Catarina Romero (<xref ref-type="bibr" rid="B8">2020</xref>). </p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn3">
				<label>3</label>
				<p>Dos biografías de Leona Vicario basadas en investigaciones de archivos son <xref ref-type="bibr" rid="B17">García (1910)</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="B28">Staples (2020)</xref>. Otras heroínas solamente han sido tema de artículos o apartados cortos dentro de publicaciones más largas. Ver, por ejemplo, <xref ref-type="bibr" rid="B19">Jiménez Codinach (2018)</xref> sobre Josefa Ortiz de Domínguez y Guzmán Pérez sobre Gertrudis Bocanegra (<xref ref-type="bibr" rid="B18">2010</xref>).</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn4">
				<label>4</label>
				<p>Sobre los cambios en el género de biografía, ver <xref ref-type="bibr" rid="B22">Jo Burr Margadant, 1996: 1056-1058</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B23">David Nasaw, 2009</xref>; y el volumen sobre biografía de <italic>Secuencia: Revista de historia y ciencias sociales</italic>, núm. 100 (2018), Ciudad de México, Instituto Mora/Conacyt, pp. 8-162.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn5">
				<label>5</label>
				<p>Estos documentos se encuentran en varios archivos de la Ciudad de México. La mayoría están dispersos en unos veinte ramos del Archivo General de la Nación (AGN). Otros están en el Archivo Histórico de la Ciudad de México (AHCM); Archivo Histórico del Archivo General de Notarías (AHN); y Archivo Parroquia de la Asunción Sagrario Metropolitano (AP). Muchas actas parroquiales y datos genealógicos se pueden consultar en línea en Family Search, Church of Jesus Christ of the Latter-day Saints, <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="http://www.FamilySearch.org">http://www.FamilySearch.org</ext-link> y <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://gw.geneanet.org/sanchiz">https://gw.geneanet.org/sanchiz</ext-link>. Para el AGN se puede consultar el índice en línea <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://archivos.gob.mx/guiageíndiceenneral/">https://archivos.gob.mx/guiageíndiceenneral/</ext-link>. El Centro de Estudios Históricos del Colegio de México ha hecho el índice del AHN para los años 1817-1860, <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://notarias.colmex.mx">https://notarias.colmex.mx</ext-link>.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn6">
				<label>6</label>
				<p>“Causa de divorcio del Capitán don Joé Villamil y su mujer da. María Ignacia Rodríguez”, AGN, Instituciones Coloniales/ Ramo Criminal, vol. 52, exp. 1 (1802) y “Causa formada al Capitán don José Villamil a pedimento de su mujer da. María Ignacia Rodríguez de Velasco, por haberla tirado un pistoletazo” (1802-1804), AGN, Instituciones Coloniales/Real Audiencia/Criminal (037), contenedor 214, vol. 454, exp. 6. Para una selección del pleito fascinante ver <xref ref-type="bibr" rid="B3">Arrom (1976: 63-107)</xref>. Para un análisis más extenso, ver <xref ref-type="bibr" rid="B2">Arrom (2020: 24-35)</xref>.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn7">
				<label>7</label>
				<p>“Teniente don Juan Manuel Lama con María Ignacia Rodríguez sobre pesos”, AGN, Civil, exp. 2 (1816). Ver análisis del caso en <xref ref-type="bibr" rid="B2">Arrom (2020: 62-67)</xref>.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn8">
				<label>8</label>
				<p>“La Marquesa viuda de Uluapa contra doña María Ignacia Rodríguez su hermana sobre que se haga la obra y le satisfaga la renta de la casa” (1816-1818), AGN, Vínculos y Mayorazgos (115), vol. 225, exp. 1. Ver resumen en <xref ref-type="bibr" rid="B2">Arrom (2020: 54, 62-65)</xref>.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn9">
				<label>9</label>
				<p>Ella dictó dos testamentos, el primero en 1819 cuando sufría una grave enfermedad, y el segundo cuando se le acercaba la muerte en 1850: Testamentos de María Ignacia Rodríguez de Velasco, 1 de abril de 1819 y 16 de agosto de 1850, AHN, Francisco de Madariaga #426, vols. 2830, ff. 113-116v, y vol. 2873, ff. 596v-601v.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn10">
				<label>10</label>
				<p>Acta de matrimonio en “México matrimonios, 15701950”, database, <italic>FamilySearch</italic> (<ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://familysearch.org/ark:/61903/1:1:JHYH-CPR:2">https://familysearch.org/ark:/61903/1:1:JHYH-CPR:2</ext-link> March 2021), Maria Ygnacia Rodriquez de Velazco in entry for Juan Manuel de Elizalde y Martinicorena, 1825. Padrones municipales de la Ciudad de México, AHCM, Fondo Ayuntamiento y Gobierno del Distrito Federal, Padrones (1842), vol. 3407, exp. 1, f. 862; y (1848), vol. 3408, tomo II, exp. 1, f. 1v de la manzana #47, cuartel mayor 2, menor 5.</p>
			</fn>
		</fn-group>
		<fn-group>
			<fn fn-type="other" id="fn11">
				<label>Silvia Marina Arrom</label>
				<p>Es doctora en Historia por la Universidad de Stanford. Actualmente se desempeña como la Jane’s Professor of Latin American Studies Emerita en la Universidad de Brandeis (Estados Unidos). Se ha dedicado a estudiar temas de la historia social mexicana. Sus publicaciones incluyen: <italic>Las mujeres de la ciudad de México, 1790-1857</italic> (1988); <italic>Para contener al pueblo: El Hospicio de Pobres de la Ciudad de México, 17711871</italic> (2011), y <italic>Voluntarios por una causa: Género, fe y caridad en México desde la Reforma hasta la Revolución</italic> (2017). Su más reciente libro, <italic>La Güera Rodríguez: Mito y mujer</italic> (2020), ganó el premio Howard F. Cline de 2023 por el mejor libro sobre historia mexicana.</p>
			</fn>
		</fn-group>
	</back>
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